Reviews HTCMania Reviews HTCMania

Tema Cerrado
 
Herramientas
  #1  
Viejo 23/05/26, 09:42:04
Array

[xs_avatar]
Reviews Reviews no está en línea
Equipo de HTCMania
 
Fecha de registro: ene 2026
Mensajes: 76

Post Análisis del telescopio inteligente DWARF 3

Análisis del telescopio inteligente DWARF 3


Hoy os traigo una review de un producto diferente al que solemos analizar en el foro. Se trata del DWARF 3, la nueva apuesta de DWARFLAB por los telescopios inteligentes. Lo primero que te vuela la cabeza es su factor de forma. Olvidaos de esos tubos enormes y monturas pesadas, porque este aparato es básicamente un observatorio que cabe en una mano, con un peso de poco más de un kilo y un tamaño similar al de un diccionario grueso. Es, en esencia, un dispositivo "todo en uno" diseñado para que cualquier entusiasta de la tecnología pueda hacer astrofotografía sin necesidad de ser un experto en astronomía. Es un gadget que entra por los ojos por su diseño compacto y minimalista, y que promete simplificar al máximo el proceso de buscar y capturar objetos en el cielo o en la naturaleza con solo un par de toques en el móvil.

Vamos a verlo, vale la pena.



Aquí tenemos la caja del DWARF 3. Es el primer contacto visual y ya nos adelanta lo que vamos a encontrar dentro. El render de la portada muestra claramente ese diseño tan característico y compacto, que más parece una cámara futurista o un pequeño proyector que un telescopio tradicional con su trípode y contrapesos.



Al abrir la caja principal, lo que nos encontramos es esta funda de transporte acolchada y semi-rígida, un detalle que grita calidad por los cuatro costados y que viene de serie.



Está fabricada con materiales resistentes y tiene un diseño compacto perfectamente adaptado a las formas del telescopio, facilitando esa portabilidad tipo "diccionario" de la que hablábamos.



Como podéis ver en las fotos, los detalles están cuidados, desde las anillas D-ring de metal grueso para la correa de hombro hasta las hebillas de la base para sujetarla, por ejemplo, a una mochila más grande.



El interior es suave en gris claro, con un acolchado generoso para proteger la óptica y el sensor, y cuenta con una rejilla práctica en la tapa para guardar accesorios pequeños, como los filtros solares magnéticos o el cable de carga.



Esta funda no es solo un añadido, es un componente clave para un equipo tan portátil, y su calidad está muy por encima de lo que se suele ver en este rango de precios.



Este es todo el contenido que incluye la bolsa, vamos a revisarlo.



Un detalle que se agradece es la inclusión de un manual físico bien editado y en varios idiomas, incluido el castellano, algo que no siempre es habitual.



Como no podía ser de otra forma en un equipo óptico, se incluye una gamuza de microfibra. Es un detalle sencillo pero fundamental para mantener las lentes libres de motas de polvo o marcas de dedos antes de cada sesión.



Para alimentar la bestia y gestionar los archivos, el paquete incluye este cable USB-C a USB-C de buena longitud y acabado. Es la vía directa para cargar su generosa batería interna de 10.000 mAh y, sobre todo, la forma más rápida de volcar al ordenador las capturas en formatos pesados como FITS o TIFF que genera el sensor de Sony. Se agradece que mantengan el estándar actual, lo que nos facilita usar casi cualquier cargador de móvil o una powerbank si la noche se alarga más de la cuenta, algo que suele pasar habitualmente.



Esto es el filtro solar magnético doble, diseñado específicamente para el DWARF 3. Como podéis ver en el texto serigrafiado, es un filtro de densidad neutra ND100,000, lo que significa que reduce la luz del sol en un factor de 100,000, haciéndolo totalmente seguro para la óptica y el sensor STARVIS 2 de Sony.



Lo más ingenioso es que es un "dos en uno": tiene un filtro para la lente principal de 35 mm y otro para la cámara gran angular, cubriendo ambos objetivos simultáneamente. Su sistema magnético permite colocarlo y quitarlo en un segundo, sin roscas ni complicaciones, permitiéndonos pasar de buscar aves a fotografiar manchas solares al instante con total seguridad.



Esto es la correa para la bolsa que hemos visto anteriormente.



Vamos con el telescopio. El diseño del DWARF 3 es, probablemente, su mayor declaración de intenciones. Al sacarlo de la funda, te encuentras con un bloque compacto de bordes redondeados y un acabado gris metalizado que se siente muy premium al tacto, alejándose totalmente de la estética industrial de los telescopios clásicos. Te esperarías que fuera cualquier aparato menos un telescopio.



En uno de los laterales vemos el botón de encendido, perfectamente integrado y discreto, que mantiene esa línea minimalista.



Lo que veis en la parte frontal es la "ventana" de cristal por donde asoman las ópticas; un detalle importante es que el dispositivo tiene certificación IP54, lo que significa que no hay que entrar en pánico si cae un poco de rocío nocturno o si el ambiente está algo cargado de polvo mientras observamos aves en el campo. Ahora lo veremos desplegado.



Si nos fijamos en la parte superior e inferior, el nivel de detalle es muy alto.



En la base encontramos la rosca estándar de 1/4 de pulgadas para trípode, compatible con cualquiera que ya tengáis por casa.



Es curioso encontrar rejillas para altavoz y micrófono, pero tiene todo el sentido del mundo cuando recordamos que este aparato no solo hace fotos a nebulosas, sino que graba vídeo en 4K y realiza timelapses de naturaleza donde el sonido ambiente suma mucho a la experiencia.





También se aprecia la etiqueta técnica que confirma los 10.000 mAh de batería, una muy buena capacidad que nos asegura autonomía para esas sesiones largas de cielo profundo sin tener que estar pendientes de cables cada media hora.



Ese formato tan plano y limpio, con unas dimensiones de apenas 22 centímetros de largo, es lo que permite que sea tan estable incluso con algo de viento. Al no tener un "tubo" largo que haga efecto vela, el centro de gravedad se mantiene muy bajo. Además, la integración del sensor y los motores de rotación dentro de este chasis cerrado protege las partes móviles de golpes accidentales.



Es un gadget que podrías dejar en la mesa del salón y pasaría por un altavoz inteligente o un proyector de diseño, pero que esconde dentro una tecnología óptica capaz de asomarse a galaxias a millones de años luz.



Verlo así, sujetado con una sola mano, resume perfectamente la filosofía de este dispositivo. Pesa apenas 1.3 kilos, una cifra ridícula si lo comparamos con cualquier equipo de astronomía tradicional que requiera monturas pesadas y contrapesos. Es lo suficientemente ligero como para llevarlo en una mochila de senderismo durante horas sin que se convierta en un lastre, pero a la vez se siente sólido y bien construido al tacto. Esta ligereza, sumada a su diseño compacto, es lo que realmente lo convierte en un telescopio que "sacas a pasear", eliminando esa pereza que suele dar montar un equipo grande para una sesión rápida.



Uno de los puntos que más suele despistar cuando ves este aparato por primera vez es cómo se pone en marcha, porque no hay un tubo que se extienda o que tengas que "abrir" manualmente como en los telescopios clásicos. En el DWARF 3, todo el sistema óptico está integrado dentro de ese cilindro central que veis en las fotos. Al encenderlo y darle la orden desde el móvil, este bloque cilíndrico empieza a pivotar hacia arriba o hacia abajo —el eje de altitud— para asomar las lentes que normalmente quedan protegidas mirando hacia el interior del chasis cuando está apagado. Es un movimiento totalmente motorizado y muy fluido que hace que parezca una pieza de ingeniería sacada de una película de ciencia ficción.



Mientras ese cilindro central busca la altura adecuada, toda la base del aparato gira horizontalmente sobre sí misma para cubrir los 360 grados de visión en el eje de azimut. Esta combinación de movimientos automáticos es lo que permite al telescopio localizar cualquier estrella, galaxia u objeto terrestre con una precisión milimétrica. Aunque el cilindro se puede mover con la mano cuando está apagado para guardarlo, lo suyo es dejar que los motores hagan su magia. Una vez que seleccionas un objetivo en el Atlas de la aplicación, el DWARF 3 cobra vida propia y empieza a bailar en silencio hasta que clava el encuadre. Es una gozada ver cómo se orienta solo sin que tengamos que pelearnos con pomos de ajuste o monturas engorrosas, lo que refuerza esa idea de que es un gadget pensado para disfrutar desde el primer segundo.



Aquí podéis ver el corazón óptico del DWARF 3, que utiliza un sistema de doble cámara muy inteligente. A la izquierda tenemos el teleobjetivo principal, con una apertura de 35 mm y una focal equivalente a unos impresionantes 737 mm, que es el encargado de captar el detalle fino de las nebulosas o de ese pájaro que está a cientos de metros. A su derecha asoma el gran angular (Wide-Angle), cuya función es vital: sirve de guía para que el telescopio entienda dónde está mirando y pueda localizar los objetos en el cielo con facilidad antes de pasar al zoom máximo. Ambas lentes trabajan en conjunto con el sensor Sony STARVIS 2, lo que garantiza una sensibilidad a la luz espectacular incluso en las noches más oscuras. Es una configuración muy ingeniosa porque elimina la necesidad de buscadores externos, integrando todo en un frontal limpio y protegido por cristal.



Esa es la magia de su diseño compacto. Te lo puedes llevar a cualquier parte y colocarlo sobre una mesa, el capó del coche o ese trípode fotográfico ligero que ya tienes. No necesitas instalaciones complejas. Y ojo, porque aunque el telescopio brilla de noche buscando nebulosas, este DWARF 3 es un verdadero todoterreno. Gracias a su sistema de doble cámara que ya hemos visto, es perfecto para la observación diurna de aves, capturar detalles lejanos en paisajes o hacer panorámicas brutales de mil millones de píxeles. Es un observatorio portátil que no descansa, sea de día o de noche.



Antes de continuar vamos a ver el aspecto en video.

Video Responsive


Profundicemos un poco en la parte más técnica. Para entender de lo que es capaz este pequeño dispositivo, hay que mirar su configuración de doble cámara, que es donde realmente marca la diferencia. El corazón del teleobjetivo es el sensor Sony IMX678 STARVIS 2 de 1/1.8", que ofrece 8.3 megapíxeles con una resolución nativa 4K (3840 x 2160). Lo que lo hace brillar en astrofotografía es el tamaño de sus píxeles de 2 µm, que junto a una lente de 35 mm de apertura y una distancia focal de 150 mm, nos da una relación focal de f/4.3. Esto se traduce en unos impresionantes 737 mm equivalentes en formato completo, optimizados para captar detalles profundos con una sensibilidad a la luz asombrosa.



Por otro lado, la cámara gran angular monta un sensor Sony IMX307 de 1/2.8", con una resolución de 2 megapíxeles (1080p). Esta lente cuenta con un diámetro de apertura de 3.4 mm y una distancia focal de 6.7 mm, lo que nos arroja una relación focal de f/2.0. Con una focal equivalente de 45 mm, es el complemento ideal para paisajes nocturnos, la Vía Láctea o para que el sistema realice la resolución de placas y se oriente antes de pasar al zoom máximo. Además, el DWARF 3 incluye tres filtros internos conmutables por software (VIS, Astro y Dual-Band), eliminando la necesidad de accesorios externos para resaltar nebulosas o combatir la contaminación lumínica.

En cuanto al resto de especificaciones, el equipo no escatima: una NPU de 5 TOPS gestiona el procesado y apilado inteligente, mientras que una batería interna de 10.000 mAh asegura autonomía para toda la noche. Para el almacenamiento, disponemos de 128 GB eMMC, lo que nos permite disparar sin miedo en formatos profesionales como FITS o TIFF o grabar vídeo en 4K a 30 fps. Todo esto viene protegido por un cuerpo con certificación IP54 de solo 1.3 kg, lo que confirma que estamos ante una herramienta de precisión tan potente como ridículamente portátil.

Para que veáis a qué me refiero con lo de que parece sacado de una peli de ciencia ficción, os he subido un pequeño clip donde se aprecia cómo se mueve. Es hipnótico ver cómo el cilindro central rota sobre su eje para "despertar" las lentes mientras la base gira con una suavidad total. Lo que más me ha flipado es el silencio. Apenas se oye un ligero murmullo de los motores, nada que ver con el ruido de engranajes de las monturas antiguas. Esos movimientos combinados de rotación horizontal y vertical son los que permiten que el aparato localice cualquier objeto en segundos con una precisión quirúrgica, ya sea una galaxia o un avión cruzando el cielo.

Video Responsive


Lo mejor de este diseño es que, al ser tan compacto y motorizado, te da una libertad increíble para plantarlo en cualquier superficie plana y empezar a disparar sin complicaciones. No hace falta estar nivelando con niveles de burbuja obsesivos ni buscando el norte magnético con brújulas externas, el software se encarga de casi todo mientras tú ves cómo el aparato "baila" solo hasta encuadrar. Es esa versatilidad la que te permite usarlo de noche para cazar nebulosas profundas y, a la mañana siguiente, llevártelo para hacer fotos de naturaleza, seguir aves en vuelo o simplemente disfrutar de un paisaje lejano con una nitidez que ningún móvil puede soñar. Es, literalmente, un observatorio de bolsillo que siempre está listo para la acción.

Vamos con las pruebas. He querido empezar por lo más básico para ver hasta dónde llega la óptica de este bicho antes de meterme en faena nocturna, así que me lo he llevado a una ventana para hacer una comparativa directa. He puesto a pelear al DWARF 3 contra el OnePlus 15 y el Galaxy S23 Ultra, disparando los tres al mismo paisaje montañoso usando sus respectivos teleobjetivos. Y os digo una cosa: no hay color. Aunque el S23 Ultra y el OnePlus hacen un trabajo brutal con el procesado y el HDR, en cuanto ampliamos un poco la imagen, el telescopio los barre por completo en detalle puro. Mientras que en los móviles la cima de la montaña empieza a verse empastada o con ese toque "acuarela" típico del software, en la captura del DWARF 3 puedo distinguir perfectamente las texturas de la roca y los cortes de la nieve.







Podéis ver las imágenes a tamaño completo haciendo click en ellas. De hecho, os lo recomiendo para comprobar en efecto el detalle de las imágenes.

Veamos una ampliación de cada una de ellas, resulta bastante revelador.







Al final, por mucho que avance la fotografía móvil, la física es la que manda. Estamos comparando los teleobjetivos periscópicos de los smartphones con una lente de 35mm de apertura real y 737mm equivalentes. Esa magnificación óptica pura, sumada al sensor Sony IMX678, permite que el telescopio capture información que el sensor de un móvil simplemente no puede ver por limitaciones de tamaño. Me ha sorprendido gratamente lo bien que resuelve el color y el contraste a plena luz del día. Para fotografía de naturaleza o incluso para usarlo como un "super-tele" improvisado, es una herramienta impresionante que deja en evidencia a cualquier zoom digital por muy "Ultra" que sea.

Antes de continuar, vamos a hablar de la app. Para controlar toda esta tecnología, la marca nos ofrece la aplicación DWARFLAB, que es la verdadera torre de control del bicho. Mi primera impresión al abrirla es que es muy visual y directa. Nada más entrar te encuentras con un panel principal muy limpio donde puedes ver de un vistazo el estado de la batería, el almacenamiento interno disponible —que en mi caso marca casi 100GB libres— y los interruptores para personalizar las luces LED del telescopio. La conexión inicial es sorprendentemente rápida: basta con activar el Bluetooth en el móvil y en un par de segundos ya tienes el control total del aparato. Además, el detalle de incluir NFC para un emparejamiento casi instantáneo es un puntazo que te ahorra andar buscando el dispositivo en la lista de ajustes.



Aunque la interfaz es intuitiva y permite que cualquier usuario empiece a trastear sin miedo, se nota que todavía tiene cierto margen de mejora en algunos aspectos de la navegación o en el pulido de algunos menús secundarios. Aun así, se agradece que no sea una app sobrecargada de opciones inútiles, centrándose en lo que importa: un acceso rápido al disparo, una sección de álbum para gestionar las capturas y ese Atlas estelar que es donde realmente ocurre la magia por las noches. Es una herramienta funcional que cumple bien su cometido, pero que deja esa sensación de que irá ganando enteros con futuras actualizaciones.

Cuando entramos de lleno en el modo "Foto", la sensación es de total familiaridad, ya que la interfaz recuerda muchísimo a la aplicación de cámara de cualquier smartphone de gama alta. En el lateral derecho tenemos el botón de obturador y los accesos rápidos al enfoque y a los parámetros manuales, donde podemos jugar con el tiempo de exposición o la ganancia como si estuviéramos en el modo "Pro" de nuestro móvil. Lo que más me ha gustado es el sistema de doble ventana: en grande vemos la toma general del gran angular, mientras que una pequeña miniatura tipo PiP (Picture-in-Picture) nos muestra lo que está viendo el teleobjetivo. Es una ayuda brutal para no perderse, porque nos permite usar la lente de 45mm para orientarnos y localizar el objetivo antes de centrarlo con la potencia de los 737mm.



En la parte izquierda aparece un joystick virtual muy intuitivo que nos permite mover el telescopio manualmente con una suavidad sorprendente, ideal para esos ajustes finos de encuadre en paisajes o seguimiento terrestre. Si nos metemos en los ajustes avanzados, vemos que la flexibilidad es total, permitiéndonos elegir formatos profesionales como el FITS para luego procesar en el PC o activar la vista previa de apilado. Es una interfaz que no intimida al principiante pero que ofrece al usuario avanzado todo lo necesario para exprimir el sensor de Sony. Todo fluye de forma muy orgánica y se nota que han diseñado el software pensando en que la transición desde la fotografía móvil sea lo más indolora posible.



Al pulsar en el selector de modos, se nos abre un abanico de posibilidades que confirma que el DWARF 3 es mucho más que un simple telescopio para ver estrellas. Es, en realidad, una cámara inteligente multimodal. Tenemos desde el modo General, que es el que usaría para cualquier foto o vídeo rápido de día o de noche con control total, hasta opciones súper específicas que aprovechan toda la potencia de la NPU interna. Me ha gustado mucho ver cómo han separado el Cielo Profundo del Sistema Solar, facilitando que el telescopio sepa exactamente qué tipo de seguimiento y algoritmo de apilado debe aplicar, ya sea para cazar una nebulosa lejana con el sensor IMX678 o para sacar los detalles de los cráteres de la Luna o las manchas del Sol.

Pero donde realmente se pone interesante la cosa es en los modos automatizados que sacan partido a su procesador. El modo de Captura automática es el que usa la inteligencia artificial para identificar y seguir aves o incluso aviones en pleno vuelo, algo que para los amantes de la naturaleza es un puntazo. También contamos con el modo de Trazos estelares para crear esas circumpolares clásicas y, por supuesto, la Panorámica. Este último es especialmente potente porque no se limita a usar el gran angular, sino que va moviendo automáticamente el teleobjetivo de 737mm para tomar decenas de fotos y unirlas mediante IA, creando paisajes con una resolución de gigapíxeles brutal. Es un menú muy bien estructurado que hace que, independientemente de lo que quiera fotografiar, tenga un punto de partida optimizado a un solo toque de pantalla.



Así se ve el modo "Sistema Solar".



Y así "cielo profundo".





Si accedemos al modo "Captura automática" podremos seleccionar qué tipo de "objeto" deseamos seguir. Ideal para aviones o pájaros. El seguimiento, una vez localizado, es automático.



Lo he probado con una bonita abubilla y es bastante sorprendente lo bien que funciona. Es un pájaro espectacular con esa cresta y esos colores tan característicos, pero también es bastante inquieto, lo que lo convierte en el objetivo ideal para ver de qué es capaz la inteligencia artificial del telescopio. Nada más activar el modo de seguimiento, el sistema ha reconocido al ejemplar y ha plantado ese recuadro amarillo que veis en las capturas, demostrando que los 5 TOPS de potencia de su NPU no están ahí de adorno. Lo que más me ha sorprendido es la suavidad con la que los motores acompañan el movimiento del animal. Da igual que dé saltitos por el césped o que cambie de dirección de repente, el telescopio lo mantiene clavado en el centro del encuadre sin que yo tenga que tocar absolutamente nada. Logicamente siempre que el animal no eche a volar.





Me ha parecido supercurioso ver cómo el software gestiona los obstáculos. Podéis ver que hay un poste blanco pasando por delante en primer plano y, aun así, el sistema no se vuelve loco ni pierde el rastro del ave. Es un algoritmo de seguimiento muy "pegajoso" que te permite relajarte y simplemente disfrutar de la observación en la pantalla del móvil, algo que cualquier aficionado al digiscoping o a la observación de naturaleza va a agradecer muchísimo porque te ahorra la frustración de perder el encuadre cada vez que el bicho se mueve.



Mientras el bicho hacía su trabajo de rastreo de forma totalmente autónoma, yo me he dedicado a grabar vídeo en resolución 4K a 30 fps. Así se ve en video.

Video Responsive


Y esta es una fotografía sacada del mismo video. Desde luego, si pudiéramos tomarla con una cámara réflex a dos metros del animal estaría mucho más nítida, pero aquí estábamos a unos 20 metros. Es bastante sorprendente.



Otra de las funciones estrella es la de "Programar". Es, literalmente, convertir el DWARF 3 en un observatorio autónomo mientras tú te echas la siesta o te vas a dormir. Hablaremos de ella más tarde.

No podía faltar en la app la sección de Álbum, que funciona como el centro de mando de todo lo que capturamos. Desde esta misma pantalla tenemos acceso directo a tres herramientas clave: Mega Stack (para gestionar el apilado de nuestras tomas de cielo profundo), Stellar Studio (para el post-procesado) y Pano Weave (para montar esas panorámicas gigantes). Me gusta que esté todo centralizado: disparas, revisas y procesas sin salir de la app.





"Sueña con la luna y alcanzarás las estrellas", Norman Vincent Peale.


Vamos con la joya de la corona para cualquier principiante a la astrofotografía: la Luna. Lo primero que hice fue irme al Atlas de la aplicación para localizarla. Como podéis ver en las capturas, la app me indicaba que estaba a una altitud de 50°, una posición perfecta para pillarla con nitidez. Lo mejor de todo es la sencillez: le das al icono de la cámara y el DWARF 3 empieza su movimiento motorizado hasta que la clava en el centro de la pantalla.



Es una pasada ver cómo pasa de ser un puntito brillante en la cámara gran angular a ocupar casi todo el encuadre cuando el sistema activa el teleobjetivo.





Una vez que la tienes en pantalla, la interfaz de la app DWARF te da toda la información necesaria. En mis pruebas, estaba usando una velocidad de obturación de 1/250 con el filtro VIS (el de luz visible), y el nivel de detalle en los cráteres y en la zona del terminador —esa línea donde se separa la luz de la sombra— es, sencillamente, espectacular. Me ha gustado mucho jugar con el zoom digital 2x. Aunque siempre soy escéptico con los aumentos digitales, aquí el sensor Sony IMX678 tiene tanta resolución que te permite acercarte un poco más sin que la imagen se convierta en una papilla de píxeles. El contraste entre la parte iluminada y las sombras en los valles lunares se ve superdefinido, algo que dice mucho de la calidad de las lentes que monta este pequeño bicho.

Lo que estáis viendo es el resultado directo del apilado interno del telescopio, y es una prueba irrefutable de que la combinación del sensor Sony con la óptica es una combinación ganadora.



Es muy importante recalcar que esto es tal cual sale del aparato. No hay Photoshop, no hay filtros de Instagram ni retoques de niveles. Es el software del DWARF 3 gestionando los parámetros de exposición y el ruido de forma magistral. Fijaos en que no hay ese ruido cromático molesto ni halos extraños en los bordes, algo que suele ser el talón de Aquiles de los telescopios más básicos o de los experimentos que hacemos con el móvil y un adaptador. Ver este resultado final después de haber seguido todo el proceso desde la app es supergratificante, porque te das cuenta de que el equipo realmente cumple lo que promete: acercar la astrofotografía de calidad a cualquiera, sin necesidad de tener un máster en procesado de imágenes. Con este nivel de detalle, la Luna deja de ser un farolillo blanco en el cielo para convertirse en un mundo lleno de geografía lista para ser explorada desde el sofá de casa.

Si recortamos y encuadramos algo la imagen con PS, tenemos esto. Bastante impresionante.



Otra imagen de la Luna otro día diferente. Sólo recortada con PS.



"Here Comes the Sun"

El Sol es el siguiente objetivo en nuestra lista, una disciplina que con cualquier telescopio tradicional requiere un cuidado extremo, pero que con este dispositivo se convierte en un juego de niños. La clave para no achicharrar el sensor está en este accesorio magnético oficial que vimos antes, el Magnetic Solar Filters ND100,000 de DWARFLAB. Es una pieza doble de una calidad fantástica que se acopla magnéticamente al frontal del aparato en un segundo y que reduce la luz solar de forma drástica para que podamos disparar con total seguridad. Lo mejor de este diseño es la comodidad, ya que al cubrir tanto la lente del teleobjetivo como la del gran angular, nos permite seguir disfrutando del sistema de doble ventana en la aplicación sin peligro alguno para la óptica.



Una vez colocado el filtro, el proceso en la aplicación es tan directo como con la Luna, bastando con seleccionar el modo específico de Sistema Solar y dejar que la montura motorizada localice nuestra estrella de forma totalmente automática. Es una auténtica gozada ver cómo el software calibra la exposición al instante, permitiéndonos observar la superficie solar directamente desde la pantalla del móvil sin dejarnos los ojos en un ocular.







El sensor de 8.3 megapíxeles destaca enormemente en esta tarea, logrando captar con una nitidez impecable los contornos del disco solar y las manchas solares activas que haya en ese momento. Para los que nunca han hecho astrofotografía solar, la extrema facilidad de uso de este conjunto elimina cualquier miedo a dañar el equipo y convierte la observación diurna en una experiencia divertidísima y al alcance de cualquiera.




Resulta muy interesante comparar estas capturas a lo largo de los días porque las manchas van cambiando de posición y tamaño debido a la rotación del Sol y a la intensa actividad magnética que estamos viviendo estos años. Tener un dispositivo que montas en un trípode en la terraza en menos de un minuto y que te saca una foto de calidad científica de los eventos solares es un lujo para cualquier amante de la tecnología o de la astronomía. Lo mejor es que la foto sale clavada en cuanto a enfoque y exposición desde el primer segundo gracias al procesado inteligente del software, por lo que te olvidas de quemar la foto y te centras únicamente en buscar qué regiones activas están cruzando el disco en ese momento.



Nuevamente, bastante impresionante.

"Hasta el infinito y mas allá"

El asalto a las galaxias empieza de una forma alucinante gracias a una de las herramientas más potentes y futuristas de la aplicación: el reconocimiento de campo y la realidad aumentada. Al activar esta opción, el software se toma unos segundos para analizar las estrellas fijas mediante la lente gran angular, un proceso conocido en astronomía como resolución de placas. Una vez que el DWARF 3 sabe exactamente hacia dónde está apuntando, la pantalla del móvil se transforma en un mapa interactivo brutal que te muestra, en tiempo real y superpuestas sobre el cielo negro, las galaxias que tienes a tiro en esa fecha y hora exactas. Como podéis ver en las capturas, el sistema me desplegó un abanico espectacular de objetivos en la zona, destacando clásicos como la Galaxia del Molinete (M 101), la de Bode (M 81), la sorprendente Galaxia del Huevo de Fabergé (NGC 4605) o C 3.





El proceso para empezar a fotografiar es tan ridículamente sencillo que asusta, ya que basta con dar un toque de pantalla sobre cualquiera de las galaxias sugeridas para que la montura motorizada se ponga en marcha de inmediato. El telescopio se desplaza solo con una precisión milimétrica hacia el objetivo elegido, se encarga de centrarlo usando el teleobjetivo con el sensor y comienza de forma automática a realizar el enfoque fino. Es una gozada total para cualquiera que quiera adentrarse en el cielo profundo porque te elimina de un plumazo la parte más frustrante de la astronomía clásica, que era pasarse media noche consultando cartas estelares y buscando manchas invisibles al ojo a través de un buscador manual. Aquí el software hace todo el trabajo sucio en un abrir y cerrar de ojos, dejándote la escena lista para empezar a acumular luz y ver cómo la estructura de una galaxia lejana empieza a dibujarse en la pantalla de tu smartphone.



El proceso de captura y apilado es el auténtico cerebro detrás de la astrofotografía moderna con este tipo de dispositivos. En cuanto seleccionamos la galaxia elegida la aplicación nos lanza un aviso muy explicativo en pantalla donde nos indica que la sesión va a requerir su tiempo, estimando unas cuatro horas para completar el plan de disparo óptimo. El telescopio inteligente empieza a disparar ráfagas de fotos de larga exposición utilizando el sensor, configurado aquí con una exposición de quince segundos y una ganancia de sesenta utilizando el filtro Astro interno. Lo fantástico del sistema es que la NPU se encarga de analizar cada toma de forma individual en tiempo real, descartando automáticamente las imágenes que salgan movidas por culpa de una ráfaga de viento o el paso de una nube, y alineando perfectamente las estrellas antes de fusionarlas.

Como bien nos avisa el propio software, durante los primeros minutos de la sesión apenas vamos a ver detalles en la pantalla del smartphone, mostrando una imagen ruidosa y bastante plana. La magia ocurre a medida que avanza el tiempo de integración, ya que el algoritmo de apilado va sumando la señal de luz de cada fotografía mientras calcula y promedia el ruido de fondo para hacerlo desaparecer de forma drástica. No es estrictamente obligatorio dejar el DWARF 3 trabajando las cuatro horas completas para obtener un resultado vistoso, pero la regla de oro en el cielo profundo es inmutable: a mayor número de tomas acumuladas, mayor será el contraste, la nitidez y el detalle fino que lograremos rescatar de los brazos espirales de la galaxia. Además, una de las mayores comodidades de este ecosistema es que una vez iniciada la secuencia, puedes cerrar la aplicación por completo o irte a dormir tranquilamente, ya que el telescopio almacena de forma autónoma los archivos FITS en sus 128 GB de memoria interna mientras hace todo el trabajo pesado de seguimiento y apilado por ti.





El procesado final en la nube es el último y crucial paso que nos ofrece la aplicación para exprimir hasta la última gota de detalle de nuestras capturas de cielo profundo. Una vez que el telescopio ha terminado de acumular y apilar todas las imágenes de la sesión, el software nos muestra un aviso en el que se nos anima a cargar el archivo resultante en los servidores del fabricante para un tratamiento avanzado. Al aceptar, la imagen se envía a la nube de DWARFLAB de forma totalmente automática. Es una solución fantástica porque delega las tareas de cálculo más pesadas y complejas a servidores externos, evitando que el procesador de nuestro smartphone se sature o consuma la batería por completo en el intento.

La mayor ventaja de este sistema es la comodidad absoluta que ofrece, ya que se gestiona a través de una Lista de tareas dentro de la pestaña Stellar Studio donde podemos desentendernos del teléfono por completo. El proceso apenas toma unos segundos de procesamiento en los servidores (en ocasiones algo más), y no es necesario estar mirando fijamente la pantalla ni manteniendo la aplicación en primer plano mientras se ejecuta la tarea. La imagen se queda procesando de fondo en la nube y simplemente volvemos al menú cuando nos viene bien para descargar el resultado definitivo. Desde la barra inferior de esta sección podemos ver que la herramienta nos permitirá aplicar algoritmos muy avanzados como la Reducción de estrellas, la mejora de Picos de enfoque o la Eliminación de estrellas molestas para resaltar la estructura gaseosa de las galaxias. Es una integración magnífica que pone al alcance de un solo clic unos métodos de revelado astronómico que antes requerían instalar programas complejísimos en el ordenador, logrando que el paso de un archivo bruto y ruidoso a una fotografía espectacular sea un proceso totalmente indoloro y automatizado.




El resultado definitivo tras el procesado en la nube de esta toma de la Galaxia del Molinete (M 101) es una auténtica delicia visual.




Pero, ¿qué es lo que hace el algoritmo realmente?. Lo primero que me saltó a la vista al descargar la foto es que la imagen es infinitamente más limpia que el apilado bruto que ves en la pantalla del móvil mientras se hace la captura. Las estructuras espirales de la galaxia, sus regiones de formación estelar y las sutiles corrientes de polvo cósmico han ganado un contraste y una presencia espectaculares frente al fondo negro del espacio, que ahora luce uniforme y completamente libre del molesto ruido de grano digital. Respondiendo de forma directa a la pregunta del millón que sé que muchos os estaréis haciendo: no, el software no se inventa detalles, estrellas ni colores que no hayan sido captados previamente por el sensor Sony IMX678 del telescopio. Aquí la inteligencia artificial no actúa de esa forma agresiva y a veces tramposa que vemos en el modo noche o en el zoom de algunos smartphones comerciales, esos que detectan la Luna y le pegan encima una textura de alta resolución que se han descargado de internet. Lo que hace el servidor de DWARFLAB es un proceso riguroso de revelado astronómico automatizado. El algoritmo estira el rango dinámico, el famoso stretching del histograma, para hacer visible la información debilísima que ya estaba grabada en las sombras del archivo bruto, separa de forma matemática el ruido aleatorio de la señal de luz real y equilibra los canales cromáticos basándose en la temperatura de color de las estrellas para que los tonos azulados de los brazos jóvenes y los núcleos amarillentos sean ópticamente correctos.

Donde sí he notado la mano de estos servidores es en funciones como la reducción de estrellas, que para mí es uno de los puntos clave del invento. Si os fijáis en mi imagen, los cientos de estrellas que rodean a M 101 se ven muy puntuales, pequeñitas y compactas, lo que permite que la galaxia respire y destaque en el centro de la composición en lugar de quedar sepultada bajo una manta de puntos blancos gigantes que te empañen la foto. El software logra encoger el diámetro de los discos estelares y limpiar sus halos sin alterar su posición real ni su brillo relativo en el cielo.

Os pongo alguna imagen más tomada con el telescopio.

Galaxia M51




Galaxia del Girasol



La función de programación automatizada es, sin lugar a dudas, una de las características más brutales y revolucionarias de todo el ecosistema de este telescopio. El planteamiento es tan sencillo como brillante: abres el menú correspondiente en la aplicación y el software se encarga de detectar tus coordenadas geográficas de forma totalmente automática, aunque si lo prefieres, también te permite introducir la latitud y la longitud de forma manual para una precisión absoluta. A partir de ese momento, cruzando tus datos de ubicación con la fecha y hora actuales, la app te despliega una lista personalizada con los mejores objetivos disponibles para esa noche concreta en tu trozo de cielo.

Lo verdaderamente espectacular de este sistema es el nivel de control y la facilidad con la que gestionas la sesión desde la comodidad del sofá. Al seleccionar un objetivo la interfaz te muestra una gráfica de visibilidad perfecta para saber exactamente a qué hora sale el objeto por el horizonte, cuándo alcanza su punto más alto de altitud para asegurar la toma más nítida posible y a qué hora empieza a descender. Justo debajo de esta gráfica, la aplicación te permite configurar los parámetros de disparo a tu antojo, pudiendo fijar el tiempo del Obturador a 15 segundos, una Ganancia de 60 y activar directamente el filtro Astro interno para que el sensor trabaje en las mejores condiciones posibles. Una vez que lo tienes todo a tu gusto, simplemente guardas el plan y te puedes olvidar por completo del asunto.

El telescopio se queda encendido y, de forma totalmente autónoma, se despertará cuando llegue la hora fijada, moverá su montura motorizada hasta clavar el objetivo en el centro del encuadre, calibrará el enfoque y comenzará a disparar y apilar las imágenes sin que tú tengas que mover un solo dedo. Eso sí, es sumamente importante asegurarse de dejar el aparato con batería de sobra o conectado a una toma de corriente antes de irse a dormir, porque pasar horas moviendo los motores y procesando tomas con la NPU consume lo suyo, y no hay nada más frustrante que despertarte por la mañana emocionado y encontrarte la sesión a medias porque el bicho se ha quedado seco. Si tienes la precaución de dejarlo bien cargado, esta herramienta es una auténtica mina de oro que te permite cazar el cielo profundo de forma automática mientras descansas plácidamente en la cama.



Un detalle bastante curioso de la aplicación que me he encontrado es esa pequeña pelotita verde con forma de carita flotante que veis abajo a la derecha de la interfaz. Diría que hace algunas semanas no estaba. Se trata de un asistente virtual por inteligencia artificial integrado por el fabricante que, al pulsar sobre él, despliega un chat interactivo para ayudarte durante el proceso de revelado o resolver dudas sobre el estado de las tareas en la nube. El gran problema actual es que este chat inteligente se encuentra completamente en chino, por lo que a día de hoy no resulta usable para la gran mayoría de nosotros y es una de esas secciones de la app que evidencian que el software todavía necesita madurar y pulirse de cara al mercado internacional.
Es una idea con muchísimo potencial que demuestra que DWARFLAB quiere integrar un copiloto interactivo para guiarnos paso a paso en el procesado astronómico, pero hasta que no lancen una actualización de firmware que traduzca esta interfaz al inglés o al español, se queda simplemente en una anécdota visual que nos tocará ignorar durante nuestras sesiones de edición. Afortunadamente, se puede desactivar.






Llegamos al momento de hacer balance después de haber exprimido a fondo este DWARF 3 durante las últimas semanas, y lo cierto es que poner sobre la mesa sus pros y sus contras es la mejor forma de entender ante qué tipo de producto estamos. Vamos a desglosar con total honestidad lo mejor y lo peor de este telescopio inteligente para que tengáis una visión clara antes de decidiros por él.

Lo que más me ha gustado:
  • Portabilidad absoluta y diseño compacto: Poder llevar un telescopio motorizado con doble óptica en una mochila pequeña sin enterarte de que lo llevas encima es una auténtica pasada. Olvidaos de los armatostes clásicos que dan pereza sacar de casa; este bicho invita a ser usado en cualquier escapada.
  • El sensor Sony IMX678 y la NPU de 5 TOPS: La combinación del hardware interno con el procesador neuronal hace milagros. El seguimiento de aves en movimiento diurno es superpegajoso y el apilado automático en cielo profundo funciona de maravilla, logrando imágenes limpísimas de ruido de forma transparente para el usuario.
  • Automatización y programación de sesiones: Poder darle tus coordenadas, elegir los objetivos de la lista recomendada para esa noche y dejar que el aparato trabaje solo mientras tú duermes es, sencillamente, un lujo que cambia las reglas del juego.
  • Filtros magnéticos de gran calidad: Tanto el sistema interno como el accesorio doble ND100,000 para el Sol se colocan en un segundo gracias a los imanes, facilitando una observación solar y lunar impecable, nítida y totalmente segura para el sensor.
Lo menos bueno:
  • Dependencia absoluta de la batería en largas sesiones: Al delegar tanto trabajo de procesado y movimiento en sus motores, las sesiones automatizadas de varias horas devoran la energía con alegría. Es obligatorio dejarlo conectado a un powerbank o bien cargado si no quieres encontrarte la captura a medias por la mañana.
  • Software con secciones aún sin pulir para el mercado internacional: El ecosistema de la app es muy intuitivo en general, pero detalles como encontrarte el asistente de IA flotante totalmente en chino rompen un poco la experiencia y demuestran que el firmware aún necesita madurar en futuras actualizaciones.
  • Limitación física ante la contaminación lumínica extrema: Aunque el software y el filtro Dual-Band interno hacen virguerías con galaxias altas desde entornos urbanos, milagros a Lourdes. Si intentas tirar a objetos muy bajos en el horizonte sur desde una zona como Madrid, el resplandor de la ciudad se acabará tragando los detalles más débiles de la toma. La ubicación es fundamental.


Para cerrar la review, os puedo decir con total honestidad que este dispositivo me ha parecido una de las sorpresas tecnológicas más divertidas y revolucionarias que han pasado por mis manos en los últimos tiempos. DWARFLAB ha logrado romper esa enorme barrera de entrada que siempre ha tenido la astronomía clásica, eliminando las frustraciones de las alineaciones manuales y los complejísimos programas de edición en el ordenador para meter toda esa potencia en un formato compacto de apenas un kilo que te cabe en la palma de la mano. Es un producto que redefine lo que entendemos por fotografía inteligente, demostrando que la combinación de un buen sensor como el Sony IMX678 con un procesador neuronal de 5 TOPS puede poner al alcance de cualquiera capturas que hace unos años requerían equipos profesionales de miles de euros.

Lo que más me ha conquistado durante estas semanas de pruebas es la tremenda versatilidad diurna y nocturna que ofrece el aparato. He alucinado por igual grabando a esa preciosa abubilla con un seguimiento robótico impecable en el jardín, que dejando el telescopio completamente solo en la terraza, programado con sus 15 segundos de obturación para que fuera cazando de forma autónoma los brazos espirales de la Galaxia del Molinete (M 101) mientras yo descansaba. Evidentemente no es un equipo perfecto y detalles como el asistente de inteligencia artificial que todavía viene bloqueado en chino o la obligatoriedad de vigilar de cerca el consumo de la batería en las sesiones largas nos recuerdan que el software aún tiene margen de mejora en próximas actualizaciones de firmware, pero son pequeños detalles que no empañan en absoluto la excelente experiencia general.

Mi veredicto final es que, si os apasiona la observación de la naturaleza, queréis adentraros en la astrofotografía sin complicaros la vida con manuales técnicos interminables o simplemente buscáis un gadget potente, portátil y sumamente automatizado para explorar el cosmos desde el sofá de casa, este DWARF 3 es una inversión que merece muchísimo la pena. Cumple con nota todo lo que promete, es un auténtico vicio de usar y os va a regalar momentos espectaculares cada vez que el cielo esté despejado.

https://www.dwarflab.com/es/products/dwarf-3-smart-telescope

You can read the english version here


  #2  
Viejo 23/05/26, 09:42:28
Array

[xs_avatar]
Reviews Reviews no está en línea
Equipo de HTCMania
 
Fecha de registro: ene 2026
Mensajes: 76

Podéis comentar aquí

[ REVIEW ] Análisis del telescopio inteligente DWARF 3
Tema Cerrado

Estás aquí
Regresar   Portal | Indice > Sobre HTCMania.com > Comentarios y dudas sobre HTCMania > Reviews HTCMania



Hora actual: 10:36:47 (GMT +2)



User Alert System provided by Advanced User Tagging (Lite) - vBulletin Mods & Addons Copyright © 2026 DragonByte Technologies Ltd.

Contactar por correo / Contact by mail / 邮件联系 /