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Análisis del portátil Chuwi CoreBook Air



Hoy os traemos el análisis de un equipo que me ha dejado descolocado nada más sacarlo de la caja: el Chuwi CoreBook Air. Y es que lo primero que te entra por los ojos es su diseño extremadamente delgado y, sobre todo, su peso, ya que estamos hablando de un portátil de 14 pulgadas que apenas marca 1 kg en la báscula. La clave está en su chasis fabricado en una aleación de magnesio y aluminio, un material que permite reducir el peso al mínimo sin que el equipo pierda rigidez estructural ni esa sensación premium al tacto. Es, sin duda, uno de los ultrabooks más manejables que han pasado por mis manos, ideal para los que priorizamos la movilidad total por encima de todo. Pero no os dejéis engañar por su ligereza, porque en el interior Chuwi ha decidido meter un hardware con aspiraciones bastante serias para su tamaño. El corazón de la máquina es un procesador AMD Ryzen 5 6600H, un chip de la serie de alto rendimiento que se apoya en una pantalla de 14 pulgadas con formato 16:10, resolución 1920x1200 y una cobertura del 100% sRGB. Llevo unos días dándole caña en escenarios reales y, aunque su enfoque no es el gaming pesado, tiene detalles de conectividad y calidad visual que me han sorprendido muy gratamente. Vamos a ver punto por punto qué tal se comporta este CoreBook Air y si realmente cumple con lo que promete ese diseño tan llamativo.

Empezamos.



Esta es el paquete que hemos recibido, con esa estética tan Chuwi.





Vamos a revisar todo el contenido, como es habitual.









El cargador ofrece una potencia máxima de 65W (20V x 3.25A).



Si hay algo que define a este Chuwi CoreBook Air nada más sacarlo de la caja es la sensación de estar ante un producto realmente portable. Estamos hablando de un equipo de 14 pulgadas fabricado íntegramente en una aleación de magnesio y aluminio, un material que no solo le otorga ese toque frío y premium al tacto, sino que es el responsable directo de que el portátil pese apenas 1 kg, con un grosor que oscila entre los 9 y los 16 mm, lo que lo hace prácticamente imperceptible cuando lo llevas en cualquier mochila. A pesar de esta delgadez extrema, la rigidez estructural es muy buena y no se aprecian flexiones extrañas en la zona del teclado o la tapa, demostrando que Chuwi ha afinado mucho el ensamblaje en este modelo para que la ligereza no comprometa la durabilidad.









En el apartado de las interfaces y conectividad, Chuwi no ha querido que la delgadez del equipo nos obligue a vivir pegados a un hub USB, y la selección de puertos es sorprendentemente completa para un ultrabook de este perfil. En el lateral izquierdo encontramos el corazón de su conectividad: dos puertos USB-C de función completa, lo que significa que ambos soportan transferencia de datos a alta velocidad, salida de vídeo DisplayPort y, por supuesto, carga rápida PD de 65W. Además, han tenido el acierto de incluir un puerto HDMI 2.1 de tamaño completo, algo que se agradece enormemente para conectar monitores o proyectores sin necesidad de adaptadores.



En el lateral derecho, el equipo se completa con un puerto USB-A 3.2 para nuestros periféricos de toda la vida y el imprescindible jack de 3.5 mm para auriculares. Es una distribución muy lógica que cubre todas las necesidades básicas del usuario avanzado, permitiendo incluso conectar hasta tres pantallas externas de forma simultánea gracias a la combinación de sus puertos de vídeo.



Al darle la vuelta a este Chuwi CoreBook Air, nos encontramos con una parte trasera que sigue la misma línea de minimalismo y eficiencia que el resto del equipo. Lo primero que salta a la vista es la amplia rejilla de ventilación horizontal que ocupa la parte superior del chasis, una pieza fundamental para que el sistema de refrigeración pueda mover el aire necesario y mantener bajo control las temperaturas del Ryzen 5 6600H. Al ser un procesador de alto rendimiento integrado en un cuerpo tan ligero, la gestión térmica es crítica, y Chuwi ha optado por una entrada de aire generosa para evitar que el calor se acumule en los componentes internos. El acabado de esta base, fabricado en esa misma aleación de magnesio y aluminio que comentábamos antes, se siente muy sólido al tacto y ayuda pasivamente a disipar parte del calor generado durante las tareas más exigentes.





Para garantizar que el flujo de aire sea óptimo, el diseño incluye varias bandas de goma antideslizante situadas estratégicamente en la parte superior e inferior. Estos topes no solo cumplen la función de fijar el portátil con firmeza a cualquier mesa para que no se mueva mientras escribimos, sino que tienen la altura exacta para elevar ligeramente el cuerpo del ordenador. Ese pequeño "gap" o espacio que se crea respecto a la superficie es vital, ya que permite que la rejilla longitudinal aspire aire fresco sin restricciones, mejorando notablemente la eficiencia del ventilador interno. Es un detalle de diseño funcional que muchas veces pasa desapercibido, pero que en ultrabooks tan finos como este —que oscila entre los 9 y 16 mm de grosor— marca la diferencia entre un equipo silencioso y uno que sufre de estrangulamiento térmico.



Finalmente, en las esquinas inferiores podemos ver las perforaciones para los dos altavoces estéreo. Al estar situados en la base y disparar el sonido hacia abajo, el audio aprovecha el rebote contra la superficie de apoyo para ganar algo de presencia, aunque como es habitual en estos pesos pluma, el enfoque está más en la claridad que en la potencia de bajos. Un detalle que siempre se agradece es la accesibilidad: los tornillos de estrella que fijan la tapa inferior son perfectamente visibles y no están escondidos bajo las gomas. Esto nos sugiere que, si en algún momento necesitamos acceder al interior para realizar tareas de limpieza o para comprobar las opciones de ampliación del SSD de 512 GB, no vamos a tener que pelear con adhesivos ni pestañas de plástico complicadas, manteniendo esa filosofía de equipo "amigable" con el usuario avanzado.





Al abrir la tapa, lo primero que nos saluda es su panel de 14 pulgadas que apuesta por la relación de aspecto 16:10 con resolución 1920x1200, una decisión que siempre se agradece porque nos da ese extra de espacio vertical tan necesario para trabajar con textos o navegar por la web sin estar pegados al scroll.



El teclado aprovecha muy bien el ancho del chasis, ofreciendo un tamaño completo y retroiluminación, lo que facilita mucho la escritura en entornos con poca luz.





Justo debajo encontramos un touchpad de dimensiones generosas que responde con precisión a los gestos de Windows.



Otro detalle interesante de su diseño interior es que cuenta con una tecla dedicada para Copilot, integrando así las funciones de IA de forma directa en el flujo de trabajo diario. El conjunto se siente equilibrado y muy enfocado a la productividad móvil, con unos marcos de pantalla bastante contenidos que ayudan a que el tamaño general del equipo sea extremadamente compacto.









¿Pesará lo que el fabricante promete? sí.



Si pasamos a hablar algo más de la pantalla, que es lo que realmente nos tiene pegados al equipo todo el día, este Chuwi CoreBook Air monta un panel IPS de 14 pulgadas con una resolución WUXGA (1920×1200). Lo mejor, como os decía antes, es su relación de aspecto 16:10, que en un tamaño compacto de 14" es una auténtica bendición para trabajar con documentos, PDFs o navegar, ya que aprovecha mucho mejor el espacio vertical que los paneles 16:9 tradicionales. Los biseles son realmente estrechos, consiguiendo una relación pantalla-cuerpo del 86,4%, lo que ayuda a que el equipo se sienta muy moderno y minimalista, dándole todo el protagonismo a lo que estamos viendo y permitiendo que el chasis sea mucho más pequeño de lo habitual. En cuanto a la calidad de imagen pura, los datos técnicos se traducen en una experiencia visual muy top: cubre el 100% del espacio de color sRGB, y eso se nota en cuanto lo enciendes por la viveza de los tonos.



Los colores son vibrantes y muy fieles a la realidad, algo que se valora positivamente para editar alguna foto rápida o simplemente para que los vídeos luzcan como deben. Además, cuenta con un brillo máximo de 350 nits, una cifra muy solvente que, como podéis ver en la foto que he hecho en la terraza, permite que el contenido sea perfectamente legible incluso en exteriores con luz natural fuerte.



Al ser tecnología IPS, los ángulos de visión son impecables, así que no perdemos contraste ni saturación aunque no estemos mirando el portátil exactamente de frente. Es, sin duda, una pantalla que invita a consumir multimedia y a trabajar con una nitidez excelente, superando mis expectativas para un ultrabook de este peso.







Pero antes de continuar, un breve vistazo en video.

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Si nos desplazamos a una estancia interior, podemos ver cómo se ve el teclado retroiluminado, algo que muchos usuarios agradecerán sin duda.





Entrando de lleno en las "tripas" de este Chuwi CoreBook Air, nos encontramos con una configuración que busca el equilibrio entre la potencia real y la eficiencia térmica necesaria para un chasis tan delgado. El corazón del equipo es el AMD Ryzen 5 6600H, un procesador que, a pesar de pertenecer a una generación no tan actual, sigue siendo una opción muy capaz gracias a su arquitectura Zen 3+. Contamos con 6 núcleos y 12 hilos de ejecución que pueden alcanzar frecuencias de hasta 4.5 GHz, lo que nos asegura una respuesta inmediata en tareas de productividad, navegación pesada y ofimática avanzada. Lo más destacable aquí es que Chuwi ha mantenido un procesador de la serie H (de alto rendimiento) en un cuerpo de apenas 1 kg, lo cual es un logro de ingeniería notable. Sin embargo, al tener menos núcleos y una arquitectura algo más veterana, se nota esa lógica diferencia de velocidad en procesos pesados o multitarea extrema respecto a soluciones más modernas.



En el apartado gráfico, el SoC integra una AMD Radeon 660M basada en la arquitectura RDNA2. Es aquí donde más se percibe ese escalón de rendimiento que comentábamos; aunque es una GPU integrada muy solvente para aceleración de vídeo, edición fotográfica ligera y algún juego ocasional, no llega a los niveles de fluidez de las nuevas Radeon 780M. Es un rendimiento más comedido, pensado para cumplir con creces en el día a día y permitirnos jugar a títulos menos exigentes ajustando los niveles de detalle. Este hardware se apoya en 16 GB de memoria RAM LPDDR5, una tecnología de memoria rápida que es clave para que la gráfica integrada rinda al máximo de sus posibilidades y para que el sistema se sienta ágil en todo momento. Al ser memoria LPDDR5, está optimizada para consumir el mínimo de energía posible, algo vital para estirar la autonomía en un equipo tan sumamente portátil.



Por último, el almacenamiento queda cubierto por un SSD PCIe de 512 GB, una capacidad estándar que hoy en día es el mínimo exigible para un equipo de estas características. Lo bueno es que, según las especificaciones, el almacenamiento es ampliable, lo que nos da esa tranquilidad de saber que no nos quedaremos vendidos si nuestra biblioteca de archivos empieza a crecer más de la cuenta. El conjunto se siente muy redondo para el perfil de usuario que busca movilidad extrema: tienes un procesador de alto rendimiento que no se "ahoga" como los modelos de bajo consumo, una RAM de última generación y un almacenamiento rápido que garantiza que el arranque de Windows 11 y la apertura de aplicaciones sean prácticamente instantáneos. Es, en esencia, un ultrabook que sacrifica ese último grito en potencia bruta para ofrecerte una experiencia de uso muy digna en un formato que puedes llevar literalmente a cualquier parte sin enterarte.

Pasando a un punto que siempre preocupa, especialmente cuando hablamos de meter un procesador de alto rendimiento en un cuerpo tan sumamente compacto, es la gestión del ruido y el calor. El Chuwi CoreBook Air utiliza un sistema de refrigeración basado en dos caloductos de cobre diseñados para evacuar el calor del Ryzen 5 6600H hacia el exterior de forma eficiente. Lo sorprendente, tras las pruebas de estrés que le he pasado, es el excelente control de la contaminación acústica que ha conseguido la marca en este chasis. He realizado mediciones directas con un sonómetro y los resultados son muy positivos: incluso con la CPU trabajando a tope de sus capacidades, el ruido de los ventiladores se mantiene siempre estable y no llega a superar los 45 dB. Para que os hagáis una idea, este nivel de presión sonora equivale a un murmullo suave o al ambiente de una biblioteca tranquila, lo que significa que no tendremos ese molesto sonido de "turbina" que suelen sufrir otros ultrabooks cuando se les exige potencia bruta.



Esta contención en el ruido responde a una curva de ventilación muy bien equilibrada que aprovecha la conductividad térmica de su chasis para ayudar a disipar parte del calor de forma pasiva. En un uso cotidiano de ofimática, navegación web o consumo de multimedia, el equipo es prácticamente inaudible, comportándose como un compañero de trabajo ideal si eres de los que valora el silencio absoluto. Solo cuando le metemos caña con tareas pesadas empezamos a notar el soplido de los ventiladores, pero como os digo, con ese tope de 45 dB es un sonido constante y nada agudo que se tolera perfectamente sin necesidad de usar auriculares. Es de agradecer que Chuwi haya conseguido este equilibrio térmico en un perfil tan fino —de entre 9 y 16 mm—, permitiendo que la arquitectura Zen 3+ rinda de forma sostenida sin que el ruido se convierta en un inconveniente en el día a día.

Veámoslo en video.

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Para ver qué tal se porta el almacenamiento en este Chuwi CoreBook Air, le he pasado el test CrystalDiskMark 9.0.1 y los resultados son muy coherentes con lo que esperamos de un ultrabook de este nivel. Como podéis ver en la captura, el SSD PCIe marca unos sólidos 2987.75 MB/s en lectura secuencial, quedándose muy cerca de la barrera de los 3000 MB/s, lo que nos asegura que el bus PCIe 3.0 está trabajando a pleno pulmón. En la escritura secuencial nos quedamos en 1262.59 MB/s, una cifra más modesta que en lectura pero más que suficiente para que el guardado de archivos grandes o la instalación de software no se haga eterna. Lo más positivo para el uso diario es el dato de lectura aleatoria (RND4K Q1T1) de 43.85 MB/s, un valor muy decente que garantiza que Windows 11 se mueva con soltura y que la apertura de aplicaciones sea ágil. En definitiva, es un almacenamiento bien equilibrado que no va a suponer un cuello de botella para la mayoría de tareas de productividad que le echemos encima.

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Para ver el potencial real del Ryzen 5 6600H, le he pasado el test de CPU de Geekbench 6.5.0, y los números nos dan una lectura muy interesante. El equipo arroja una puntuación de 1448 en Single-Core, una cifra muy sólida que garantiza que el sistema se sienta ágil y responda al instante al abrir aplicaciones o navegar con muchas pestañas. En el test Multi-Core obtenemos 6128 puntos, un resultado que, aunque es capaz para mover con soltura sus 6 núcleos y 12 hilos en tareas de productividad, refleja claramente que estamos ante un equipo con un perfil de energía optimizado para la portabilidad y la eficiencia térmica en un cuerpo tan sumamente delgado.

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En cuanto al apartado gráfico, el test de computación Vulkan registra una puntuación de 10666, lo que sitúa a la AMD Radeon 660M como una integrada muy equilibrada para las dimensiones de este CoreBook Air. Esta cifra nos confirma que la arquitectura RDNA2 es capaz de gestionar con solvencia tareas de aceleración gráfica, edición de fotos y contenido multimedia en alta resolución sin despeinarse. Aunque como ya comentamos, su enfoque no es el gaming de alto rendimiento, este nivel de potencia gráfica es más que suficiente para asegurar una experiencia fluida en la interfaz de Windows y en herramientas de trabajo que aprovechan el cálculo por GPU, manteniendo un consumo contenido para no sacrificar la autonomía.

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Para terminar de exprimir el rendimiento de este Ryzen 5 6600H, le he pasado las pruebas de Cinebench R23, y los resultados nos dan una visión muy real de cómo Chuwi ha domado este procesador para que quepa en un chasis tan compacto. En el test Multi-Core, el equipo alcanza los 7.688 puntos, una cifra que demuestra la solvencia de sus 6 núcleos y 12 hilos bajo una carga de renderizado intensiva. Aunque este procesador tiene un techo teórico más alto en equipos de mayor peso, aquí vemos que opera bajo un perfil de 23W TDP para mantener las temperaturas bajo control en su chasis ultra-delgado, priorizando un rendimiento sostenido sin disparar el ruido.

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Si nos fijamos en la prueba Single-Core, el CoreBook Air marca unos meritorios 1.278 puntos, lo que se traduce en un MP Ratio de 6.01x. Este dato es clave, ya que confirma la excelente eficiencia de la arquitectura Zen 3+ de 6 nm; nos indica que el procesador escala casi a la perfección con todos sus núcleos activos. En el uso diario, esto significa que la potencia por núcleo es lo suficientemente alta como para que el sistema se sienta ágil y fluido en cualquier tarea de productividad, aprovechando ese IPC (instrucciones por ciclo) elevado que caracteriza a esta generación de AMD, incluso con las limitaciones térmicas lógicas de un equipo tan sumamente liviano.

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Para cerrar el apartado de pruebas gráficas, le hemos pasado el test Steel Nomad Light de 3DMark, una prueba bajo DirectX 12 que pone al límite a las GPUs integradas actuales. El resultado de 397 puntos, con una media de 2.94 FPS, confirma que la Radeon 660M en este equipo está configurada con un perfil que prioriza la eficiencia energética y la estabilidad térmica en su chasis ultra-delgado. Es una puntuación modesta que refleja la realidad de un ultrabook de 1 kg; aunque la arquitectura RDNA2 es muy capaz, aquí el hardware está enfocado a la productividad y la portabilidad extrema antes que a la potencia de rasterización pura. En la práctica, esto nos indica que el equipo es ideal para tareas de aceleración por hardware y multimedia, pero que en gaming deberemos limitarnos a títulos eSports muy ligeros o juegos de corte indie con ajustes gráficos contenidos para mantener una experiencia jugable.

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Para ser realistas con lo que tenemos entre manos, este Chuwi CoreBook Air no es un equipo diseñado para el gaming puro, pero su Radeon 660M basada en arquitectura RDNA2 permite ciertas alegrías si sabemos ajustar bien las expectativas. Tras ver ese resultado de 397 puntos en 3DMark, queda claro que la resolución nativa de la pantalla (1920x1200) se queda demasiado grande para cualquier tarea que implique carga gráfica 3D exigente. El "sweet spot" o punto de equilibrio para este portátil es jugar en 1080p para títulos tipo eSports o indies ligeros, y bajar directamente a 720p si queremos aventurarnos con algún juego más exigente de años anteriores. En juegos como League of Legends o Valorant con ajustes medios, la experiencia es muy fluida, pero en títulos AAA es obligatorio recurrir a los ajustes bajos y, sobre todo, apoyarse en el AMD FSR (FidelityFX Super Resolution) para ganar esos frames extra que lo hagan jugable.

También hay que tener en cuenta que en un chasis de tan solo 1 kg y con un perfil tan fino, la gestión térmica prima sobre la potencia bruta de rasterización. Esto significa que el sistema mantendrá las frecuencias de la GPU bajo control para que el equipo no pase de esos 45 dB de ruido que medimos antes, lo que se traduce en un rendimiento muy estable pero más conservador que en portátiles más pesados. Es un equipo ideal para quitarse el gusanillo con juegos de corte independiente o clásicos, donde la viveza del panel con 100% sRGB hace que todo luzca genial, pero no es la máquina adecuada para intentar mover el último estreno del mercado en calidades altas. Para esos casos, la mejor alternativa en un ultrabook tan ligero suele ser el juego en la nube, donde aprovechamos su excelente pantalla sin estresar el hardware interno.

Aquí podéis ver algunos juegos en corriendo en el portátil.

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Por último, algunos pantallazos para corroborar las especificaciones, cortesía de HWiNFO 64.

General.

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Procesador.

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RAM

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GPU

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Almacenamiento.

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Batería.

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Respecto a la batería, y para que os hagáis una idea más concreta de lo que estira esta de 55 Wh, Chuwi certifica una autonomía de hasta 8 horas de uso completo. En mis pruebas reales de estos días, dándole un uso equilibrado con navegación, brillo medio y algo de ofimática, los números se han mantenido muy cerca de esa cifra oficial, lo que nos asegura poder cubrir una jornada de trabajo ligera o un viaje sin tener que estar pegados al enchufe. Es un rendimiento muy notable para un portátil de este tipo, demostrando que la eficiencia de la arquitectura Zen 3+ y la gestión de energía de la memoria LPDDR5 hacen un trabajo excelente para exprimir cada minuto de autonomía.

Vamos terminando este análisis destacando las cosas buenas y las no tan buenas de este Chuwi CoreBook Air.

Puntos fuertes a favor:
La portabilidad extrema es, sin duda, su mayor virtud, logrando un peso de apenas 1 kg gracias a un chasis de aleación de magnesio y aluminio que no sacrifica rigidez ni sensación premium. La pantalla es otro de sus grandes aciertos, ofreciendo un panel 16:10 con 100% sRGB y un brillo de 350 nits que garantiza una calidad visual excelente tanto para trabajar como para consumir contenido multimedia. Además, es un equipo sorprendentemente silencioso para montar un procesador de la serie H, manteniendo el ruido bajo control incluso a plena carga sin superar los 45 dB. Por último, su conectividad está muy bien resuelta para su tamaño, destacando el puerto HDMI 2.1 y los dos USB-C de función completa que permiten carga rápida de 65W y salida de vídeo simultánea.

Puntos débiles a tener en cuenta: En el lado de las sombras, debemos ser conscientes de que su rendimiento gráfico es limitado para los estándares actuales; la Radeon 660M cumple sobradamente para tareas de aceleración y multimedia, pero se queda corta para gaming exigente si no bajamos drásticamente la resolución y los ajustes. El procesador Ryzen 5 6600H opera bajo un perfil de 23W TDP para salvaguardar la integridad térmica en un cuerpo tan delgado, lo que limita su techo de potencia bruta en tareas multihilo pesadas respecto a equipos con mayor capacidad de disipación. Finalmente, aunque el almacenamiento es ágil para el uso diario, la velocidad de escritura secuencial del SSD es notablemente inferior a su tasa de lectura, algo que notaremos puntualmente al mover grandes volúmenes de datos.

En definitiva, el Chuwi CoreBook Air es un equipo que entra por los ojos y convence por su ligereza extrema, siendo la opción ideal para quienes la movilidad es el factor innegociable en su día a día. Su chasis de aleación de magnesio y aluminio no solo le permite marcar ese sorprendente 1 kg de peso, sino que, junto a una de las mejores pantallas de su segmento —con formato 16:10, 100% sRGB y 350 nits—, ofrece una experiencia de uso premium difícil de encontrar en este rango de precio. Si bien el Ryzen 5 6600H y su gráfica Radeon 660M están configurados con un perfil de energía conservador (23W TDP) para priorizar el silencio y la autonomía, el conjunto resulta extremadamente equilibrado para tareas de productividad, navegación y consumo multimedia avanzado. No es un portátil diseñado para el gaming pesado, pero es un compañero de viaje imbatible que cumple con creces lo que promete: potencia real en un cuerpo que, literalmente, ni notas que llevas en la mochila.



Para cerrar el análisis, merece la pena detenerse en esos 530 euros del precio oficial. Es cierto que, si miramos estrictamente la potencia bruta por euro, la cifra puede parecer elevada al montar un Ryzen 5 6600H de arquitectura Zen 3+ en lugar de chips más recientes. Sin embargo, el valor de este Chuwi no está en los FPS, sino en el coste de la ingeniería de miniaturización. Lograr un equipo tan ligero es un hito que, en marcas tradicionales, suele implicar desembolsos que superan fácilmente los 800 o 900 euros. Aquí estás pagando por la libertad de llevar una oficina completa bajo el brazo sin que te pese, respaldada por una pantalla de gran calidad que ofrece una fidelidad cromática y un brillo muy superiores a lo que solemos ver en este rango de precio. Por tanto, si tu prioridad es el rendimiento pesado o el gaming, encontrarás opciones más potentes por este dinero, pero si buscas un ultrabook real que sea premium, extremadamente ligero y con una calidad visual sobresaliente, la relación entre movilidad y precio de este CoreBook Air es, en realidad, muy competitiva.

Tenéis la ficha de compra aquí

https://bit.ly/4p3FsVL

Mediante el código HTCMACOREAIR obtendréis un descuento del 13%, quedando el precio final en 460 euros

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Genial bicho y espectacular review!
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