Varios y otros Varios, otros y pruebas

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Viejo 24/03/13, 22:11:10
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Argentina: Donan alimentos para 6 meses en barrios pobres gracias al Papa

Juan Carr, fundador de Red Solidaria, organización caritativa argentina, aseguró que las donaciones recibidas durante la Vigilia por el Papa Francisco, realizada la noche del 18 de marzo, aseguraron “comida para seis meses” en comedores de barrios pobres de Buenos Aires (Argentina). Carr agradeció la “generosidad” de los argentinos, y aseguró que “esperábamos algunas bolsas de arroz y polenta, y hasta ahora tenemos seis meses de comida garantizada para los lugares donde trabajó el cardenal Jorge Bergoglio”. El líder de la organización solidaria señaló que el pedido del Papa Francisco de donar a la caridad el dinero que podrían haber destinado para acompañarlo en la inauguración de su pontificado fue “fantástica”, y la respuesta de los argentinos fue “conmovedora”.




El Papa Francisco exclama al finalizar la misa: ¡En julio, a Río!, refiriéndose a la Jornada Mundial de la Juventud

Al culminar la Misa por Domingo de Ramos y tras el rezo del Ángelus desde el atrio de la Basílica de San Pedro, el Papa Francisco aseguró su presencia en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) Río 2013, exclamando “¡En julio, a Río!”. El Santo Padre también pidió a los jóvenes que preparen “espiritualmente el corazón”. “Os encomiendo a María, ante todo a vosotros, queridos jóvenes, y vuestro itinerario hacia Río de Janeiro”.

Francisco pidió invocar “la intercesión de la Virgen María para que nos acompañe durante la Semana Santa. Que ella, que siguió con fe a su Hijo hasta el Calvario, nos ayude a caminar tras él, llevando con serenidad y amor su cruz, para llegar a la alegría de la Pascua”- El Papa también encomendó a “que la Virgen Dolorosa ampare especialmente a quien está viviendo situaciones particularmente difíciles, recordando en especial a los afectados por la tuberculosis, pues hoy se celebra el Día mundial contra esta enfermedad”. “¡Buen camino para todos!”, concluyó.





El Papa lavará los pies a delincuentes musulmanes en la misa del Jueves Santo.

«Hemos recibido la noticia con mucho entusiasmo. Primero con incredulidad y, después, con sorpresa y curiosidad. No es habitual que un Papa se presente aquí en la Misa del Jueves Santo», asegura el padre Gaetano Greco, capellán de la prisión de Casal del Marmo, que no puede ocultar su satisfacción. La prisión, explica el sacerdote, cuenta ahora mismo con cerca de 45 jóvenes reclusos –nueve de ellos mujeres–, de edades comprendidas entre los 16 y los 18 años, si bien pueden permanecer en el correccional hasta cumplir los 21. «Algunos están aquí por delitos muy graves.

Con todo, lo más llamativo es que muchos de los internos son de religión musulmana. «La directora y yo se lo hemos comunicado por la tarde, pero muchos ya conocían la noticia. Cuando les hemos contado lo del lavatorio de pies se han quedado extrañados, sobre todo los de fe musulmana. Para ellos es una sorpresa. Pero están contentos». «Es la primera vez que tengo la oportunidad de conocer a alguien tan importante», decían ayer los menores.

No hay que olvidar la especial significancia que tiene el rito del lavado de pies. «Es la aceptación del hombre, con todas sus debilidades y toda su esperanza de poder cambiar su vida».
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Viejo 25/03/13, 10:44:36
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Homilía del Domingo de Ramos.:"NO SEÁIS NUNCA HOMBRES Y MUJERES TRISTES. NO OS DEJÉIS ROBAR LA ALEGRÍA Y LA ESPERANZA DE JESÚS, NUESTRO AMIGO, NUESTRO HERMANO, EL QUE ILUMINA NUESTRO CAMINO. ¡NUNCA ESTAMOS SOLOS!.


1. Jesús entra en Jerusalén. La muchedumbre de los discípulos lo acompañan festivamente, se extienden los mantos ante él, se habla de los prodigios que ha hecho, se eleva un grito de alabanza: «¡Bendito el que viene como rey, en nombre del Señor! Paz en el cielo y gloria en lo alto» (Lc 19,38).

Gentío, fiesta, alabanza, bendición, paz. Se respira un clima de alegría. Jesús ha despertado en el corazón tantas esperanzas, sobre todo entre la gente humilde, simple, pobre, olvidada, esa que no cuenta a los ojos del mundo. Él ha sabido comprender las miserias humanas, ha mostrado el rostro de misericordia de Dios y se ha inclinado para curar el cuerpo y el alma.

Este es Jesús. Este es su corazón atento a todos nosotros, que ve nuestras debilidades, nuestros pecados. El amor de Jesús es grande. Y, así, entra en Jerusalén con este amor, y nos mira a todos nosotros. Es una bella escena, llena de luz – la luz del amor de Jesús, de su corazón –, de alegría, de fiesta.


Al comienzo de la Misa, también nosotros la hemos repetido. Hemos agitado nuestras palmas. También nosotros hemos acogido al Señor; también nosotros hemos expresado la alegría de acompañarlo, de saber que nos es cercano, presente en nosotros y en medio de nosotros como un amigo, como un hermano, también como rey, es decir, como faro luminoso de nuestra vida. Jesús es Dios, pero se ha abajado a caminar con nosotros. Es nuestro amigo, nuestro hermano. El que nos ilumina en nuestro camino. Y así lo hemos acogido hoy. Y esta es la primera palabra que quisiera deciros: alegría. No seáis nunca hombres y mujeres tristes: un cristiano jamás puede serlo. Nunca os dejéis vencer por el desánimo. Nuestra alegría no es algo que nace de tener tantas cosas, sino de haber encontrado a una persona, Jesús; que está entre nosotros; nace del saber que, con él, nunca estamos solos, incluso en los momentos difíciles, aun cuando el camino de la vida tropieza con problemas y obstáculos que parecen insuperables, y ¡hay tantos! Y en este momento viene el enemigo, viene el diablo, tantas veces disfrazado de ángel, e insidiosamente nos dice su palabra. No le escuchéis. Sigamos a Jesús. Nosotros acompañamos, seguimos a Jesús, pero sobre todo sabemos que él nos acompaña y nos carga sobre sus hombros: en esto reside nuestra alegría, la esperanza que hemos de llevar en este mundo nuestro. Y, por favor, no os dejéis robar la esperanza, no dejéis robar la esperanza. Esa que nos da Jesús.


[img]http://api.ning.com/files/O55D1Wr7*l8uP6F90U8gvSfQ5OYp7Ld8xMcjQsnuMMJaVKT8JL AmqZhjXUj0WnHGcBGAqDR2RLU*vLj6gfq0BDpp8R0W9pHT/00210.jpg[/img]

2. Segunda palabra: ¿Por qué Jesús entra en Jerusalén? O, tal vez mejor, ¿cómo entra Jesús en Jerusalén? La multitud lo aclama como rey. Y él no se opone, no la hace callar (cf. Lc 19,39-40). Pero, ¿qué tipo de rey es Jesús? Mirémoslo: montado en un pollino, no tiene una corte que lo sigue, no está rodeado por un ejército, símbolo de fuerza. Quien lo acoge es gente humilde, sencilla, que tiene el sentido de ver en Jesús algo más; tiene ese sentido de la fe, que dice: Éste es el Salvador. Jesús no entra en la Ciudad Santa para recibir los honores reservados a los reyes de la tierra, a quien tiene poder, a quien domina; entra para ser azotado, insultado y ultrajado, como anuncia Isaías en la Primera Lectura (cf. Is 50,6); entra para recibir una corona de espinas, una caña, un manto de púrpura: su realeza será objeto de burla; entra para subir al Calvario cargando un madero. Y, entonces, he aquí la segunda palabra: cruz. Jesús entra en Jerusalén para morir en la cruz. Y es precisamente aquí donde resplandece su ser rey según Dios: su trono regio es el madero de la cruz. Pienso en lo que decía Benedicto XVI a los Cardenales: Vosotros sois príncipes, pero de un rey crucificado. Ese es trono de Jesús. Jesús toma sobre sí... ¿Por qué la cruz? Porque Jesús toma sobre sí el mal, la suciedad, el pecado del mundo, también el nuestro, el de todos nosotros, y lo lava, lo lava con su sangre, con la misericordia, con el amor de Dios. Miremos a nuestro alrededor: ¡cuántas heridas inflige el mal a la humanidad! Guerras, violencias, conflictos económicos que se abaten sobre los más débiles, la sed de dinero, que nadie puede llevárselo consigo, lo debe dejar. Mi abuela nos decía a los niños: El sudario no tiene bolsillos. Amor al dinero, al poder, la corrupción, las divisiones, los crímenes contra la vida humana y contra la creación. Y también – cada uno lo sabe y lo conoce – nuestros pecados personales: las faltas de amor y de respeto a Dios, al prójimo y a toda la creación. Y Jesús en la cruz siente todo el peso del mal, y con la fuerza del amor de Dios lo vence, lo derrota en su resurrección. Este es el bien que Jesús nos hace a todos en el trono de la cruz. La cruz de Cristo, abrazada con amor, nunca conduce a la tristeza, sino a la alegría, a la alegría de ser salvados y de hacer un poquito eso que ha hecho él aquel día de su muerte.



3. Hoy están en esta plaza tantos jóvenes: desde hace 28 años, el Domingo de Ramos es la Jornada de la Juventud. Y esta es la tercera palabra: jóvenes. Queridos jóvenes, os he visto en la procesión cuando entrabais; os imagino haciendo fiesta en torno a Jesús, agitando ramos de olivo; os imagino mientras aclamáis su nombre y expresáis la alegría de estar con él. Vosotros tenéis una parte importante en la celebración de la fe. Nos traéis la alegría de la fe y nos decís que tenemos que vivir la fe con un corazón joven, siempre: un corazón joven incluso a los setenta, ochenta años. Corazón joven. Con Cristo el corazón nunca envejece. Pero todos sabemos, y vosotros lo sabéis bien, que el Rey a quien seguimos y nos acompaña es un Rey muy especial: es un Rey que ama hasta la cruz y que nos enseña a servir, a amar. Y vosotros no os avergonzáis de su cruz. Más aún, la abrazáis porque habéis comprendido que la verdadera alegría está en el don de sí mismo, en el don de sí, en salir de uno mismo, y en que él ha triunfado sobre el mal con el amor de Dios. Lleváis la cruz peregrina a través de todos los continentes, por las vías del mundo. La lleváis respondiendo a la invitación de Jesús: «Id y haced discípulos de todos los pueblos» (Mt 28,19), que es el tema de la Jornada Mundial de la Juventud de este año. La lleváis para decir a todos que, en la cruz, Jesús ha derribado el muro de la enemistad, que separa a los hombres y a los pueblos, y ha traído la reconciliación y la paz. Queridos amigos, también yo me pongo en camino con vosotros, desde hoy, sobre las huellas del beato Juan Pablo II y Benedicto XVI. Ahora estamos ya cerca de la próxima etapa de esta gran peregrinación de la cruz de Cristo. Aguardo con alegría el próximo mes de julio, en Río de Janeiro. Os doy cita en aquella gran ciudad de Brasil. Preparaos bien, sobre todo espiritualmente en vuestras comunidades, para que este encuentro sea un signo de fe para el mundo entero. Los jóvenes deben decir al mundo: Es bueno seguir a Jesús; es bueno ir con Jesús; es bueno el mensaje de Jesús; es bueno salir de uno mismo, a las periferias del mundo y de la existencia, para llevar a Jesús. Tres palabras: alegría, cruz, jóvenes.



Pidamos la intercesión de la Virgen María. Ella nos enseña el gozo del encuentro con Cristo, el amor con el que debemos mirarlo al pie de la cruz, el entusiasmo del corazón joven con el que hemos de seguirlo en esta Semana Santa y durante toda nuestra vida. Que así sea.

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Viejo 26/03/13, 00:56:27
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Carlos Llorente, a partir de un mapa de las curvas de nivel del monte Calvario (que trazó un arquitecto griego en el año 70, con motivo de unas excavaciones) y de otras investigaciones, ha encontrado que la crucifixión del Señor no fue exactamente como creemos. Parece ser que Nuestro Señor Jesucristo cargó con el palo horizontal de la cruz, porque el vertical tenía que estar clavado ya. Que el Monte Calvario era una roca sobre un monte, a la cual sólo se podía acceder con una empinada rampa. Que la única manera de que hubiera espacio para los verdugos es que hubiera una plataforma de madera construía sobre la roca. Que a Jesucristo no se le clavó en la cruz completa sino en ese palo horizontal (llamado patibulum) y que fue ascendido con cuerdas hacia lo alto del palo vertical. Que el madero horizontal tenía el clavo adaptado a la envergadura de Barrabás, por lo que a Jesús le tuvieron que luxar el hombro izquierdo tirando del brazo con cuerdas, hasta que ajustara al agujero que estaba ya practicado. Que la corona de espinas no era corona sino un casco de espinas que se clavaba también por la parte trasera de la cabeza y que rozaba con la cruz en los movimientos de subida y bajada de Jesús para combatir la asfixia que le ahogaba por estar pendiendo el cuerpo, apoyándose en el clavo de los pies. Que la Santísima Virgen María se encontraba todo el rato enfrente de la Cruz y casi pegada al cuerpo del Señor, estando su cabeza separada apenas un metro de la de su hijo, que la veía constantemente. Que la Cruz estaba orientada hacia el camino de entrada a Jerusalén, para poder ser vista por todo el que entraba, por lo que el Señor podía ver durante toda su agonía a las personas que iban entrando en la ciudad. Que las curvas de nivel del monte Calvario tienen la forma de un embrión humano y que colocadas en sucesión, desde la más pequeña a la más grande forman el desarrollo embrionario en sus diferentes semanas de vida. Que la subida hasta el monte sobre el que estaba la roca, tenía forma de U ascendiendo. Que el Santo Sepulcro constaba de una sala preliminar con una mesa para embalsamar al difunto y luego un agujero bajo para introducir el cuerpo en el espacio donde quedaría por fin. Y muchos datos más en su página web: http://www.laprimerasemanasanta.com




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Viejo 26/03/13, 18:26:58
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Homilía del Lunes Santo: "Reflexionar sobre la infinita paciencia que Dios tiene con nosotros, nos llevará a decirle ¡gracias!

Reflexionar sobre la paciencia de Dios. La paciencia que Dios tiene por nosotros es reflejo de la infinita paciencia que Jesús tuvo hacia Judas. Esta fue la invitación de papa Francisco en la breve homilía que dio en la misa de hoy. El papa Francisco se inspiró en la escena del Evangelio de hoy, en el cual Judas critica la iniciativa de María, hermana de Lázaro, de ungir los pies de Jesús con trescientos gramos de precioso perfume. 'Mejor habría sido --dijo Judas- venderlo y dar la ganancia a los pobres. Juan precisa en el Evangelio que a Judas no le interesaban los pobres sino el dinero que robaba.

Y entretanto, observó el papa, “Jesús no le dijo: Tú eres un ladrón, sino que fue paciente con Judas, buscando atraerlo a hacia Él con su paciencia y con su amor”. “Nos hace bien --agregó- en esta semana santa, meditar sobre la paciencia de Dios, la paciencia que el Señor tiene hacia nosotros, con nuestras debilidades y nuestros pecados”.

“Cuando se piensa en la paciencia de Dios, esto es un misterio”, dijo. Y añadió: “¡cuánta paciencia nos tiene!”. Y repitió: “como aquel padre que el Evangelio dice que vio de lejos al hijo que se había ido con todo el dinero de su herencia”. “¿Y por qué lo vio desde lejos?” Se preguntó el papa. “Porque todos los días iba a ver desde lo alto si su hijo volvía”. Esta, repitió Francisco, “es la paciencia de Dios, esta es la paciencia de Jesús”. Y concluyó: “Pensemos esta semana en una relación personal: “¿Cómo fue en mi vida la paciencia de Jesus conmigo? Solamente esto. Y entonces saldrá de nuestro corazón una sola palabra: “ ¡Gracias Señor, gracias por tu paciencia!”.







Homilía del Martes Santo: El Papa pide abrir el corazón y gustar la dulzura del perdón de Jesús

El Papa Francisco exhortó esta mañana en la homilía de la Misa de Martes Santo a abrir el corazón y gustar la dulzura del perdón de Jesús, cuyo amor disipa la "noche" del pecado del ser humano.

Meditando en el pasaje evangélico sobre la traición de Judas, el Santo Padre exhortó a los presentes en la Capilla de la Casa Santa Marta a "abrir el corazón y gustar la dulzura del perdón". "Pensemos qué bello es ser santos, pero también es bello ser perdonados (…) Confiemos en este encuentro con Jesús y en la dulzura de su perdón".

El Papa Francisco recordó que cuando Judas traicionó al Señor, cuando salió del Cenáculo, "era de noche". Esa noche en la que se mueve el discípulo que entrega a Cristo, es la noche en la que está su corazón. Esa es peor, es la "noche del corrupto, una noche definitiva, cuando corazón se cierra de un modo que no sabe, no quiere salir de sí".

En cambio, prosiguió el Papa, la "noche del pecador" es diferente, es una noche "provisional" que todos "conocemos": son "tiempos cuando la noche llega y todo es oscuro en el corazón".

Tras señalar que de esta noche se puede salir con la confesión, el Santo Padre dijo que así se puede vivir la experiencia de San Pablo que decía que "su gloria era Cristo crucificado por sus pecados. ¿Por qué? Porque él, con sus pecados, ha encontrado a Cristo crucificado que los perdonaba".

La realidad del perdón, "el gustar la dulzura del perdón", indicó luego el Papa, es un llamado a todos "en medio de la ‘noche’, de las tantas noches y de los tantos pecados que cometemos, porque somos pecadores, y siempre está esa caricia del Señor que nos hace decir "esta es mi gloria: ¡soy un pobre pecador, pero Tú Señor eres mi Salvador!"

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Viejo 27/03/13, 01:08:39
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(Siguientes partes en Youtube)

"MI CRISTO ROTO", monólogo teatral del español Ramón Cué SJ., interpretada por el mexicano Alberto Mayaigotia. El protagonista de la obra encuentra un cristo roto en una tienda, lo compra y empieza a cambiarle la vida al reflexionar sobre ese cristo roto... Una de las obras de teatro más hondas e impresionantes. Ideal para verla esta Semana Santa.

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Viejo 27/03/13, 15:35:47
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Un tango porteño para Jorge



El Papa quiere que la Misa de Jueves Santo, en la que le lavará los pies a un grupo de presos, sea sencilla e íntima: No será transmitida en directo por tv



El papa no quiere lujos, rechaza el apartamento pontificio y se va a vivir a la residencia Santa Marta, ocupando una de sus habitaciones normales.
Cuando vio los aposentos que le estaban destinados, exclamó: "¡Pero si aquí caben 300 personas!"




Esta es la habitación del Papa Francisco.
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Última edición por Pumbyto Día 27/03/13 a las 15:50:34.
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Viejo 27/03/13, 21:06:50
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Viejo 28/03/13, 02:04:28
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El cardenal Bergoglio grabó por anticipado el mensaje para esta Semana Santa 2013 a los argentinos, como cardenal. "Lo grabo ya porque me tengo que ir al cónclave".
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Viejo 28/03/13, 11:17:41
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Hay que seguir a Jesús en Semana Santa saliendo al encuentro de los otros, pide el Papa.

En la primera audiencia general de su pontificado celebrada en la Plaza de San Pedro ante miles de fieles, el Papa Francisco reflexionó sobre qué significa vivir la Semana Santa para los católicos y alentó a seguir a Jesús en este camino, saliendo de uno mismo al encuentro de los demás que también necesitan de Él.

Como en el Domingo de Ramos el Santo Padre resaltó la necesidad de salir de uno mismo para ir a las "periferias de la existencia", a los hermanos y hermanas, a los más necesitados de consuelo y ayuda.

"¿Qué significa para nosotros vivir este tiempo? ¿Qué significa seguir a Jesús en su camino hacia el Calvario, hacia la Cruz y la Resurrección?", se preguntó el Papa. "Significa vivir como Cristo, como un buen padre o una buena madre". Dios no esperó sino que "Él vino a nosotros". "El da siempre el primer paso, Él se mueve hacia nosotros".

"Significa salir de nosotros mismos para ir al encuentro de los demás, a la periferia de la existencia, a los más alejados, a los olvidados, a quienes necesitan comprensión, consuelo y ayuda. Vivir este tiempo significa también entrar cada vez más en la lógica de Dios, de la Cruz y del Evangelio.

Cristo sufrió incluso "la traición de un amigo", pero sigue "en medio de nosotros". "Jesús no tiene casa, porque su casa es la gente, somos nosotros".

En Semana Santa, "vivimos la cumbre de este diseño de amor que recorre la historia de la humanidad. Cada uno de nosotros, puede decir Jesús se entregó en la cruz por mí, por mí", enfatizó el Pontífice.



El Papa exhortó a vivir la Semana Santa "siguiendo a Jesús", "aprendiendo a salir de nosotros mismos, para ir hacia las periferias de la existencia". Hacia los hermanos, especialmente "hacia los más olvidados, los que más necesidad tienen de ayuda y consolación".

Vivir la Semana Santa es "entrar en la dinámica de la cruz y del amor", en la lógica del Evangelio.

El Pontífice exhortó a no vivir la fe de una "forma rutinaria y cansada" y recordó que "la misericordia de Dios salva y da la esperanza".

Alguno puede decir: "’no tengo tiempo y soy pecador’. Y me conformo con un gesto de caridad y una misa dominical distraída, pero "no tenemos el coraje de salir de nosotros mismos".

"Dios piensa siempre con misericordia. Nunca olviden esto", dijo Francisco. "Dios es el padre que espera la vuelta del hijo y le sale a su encuentro. Este es nuestro Padre misericordioso", aseguró.

"Dios piensa como el samaritano... nunca mira para otro lado...Socorre siempre, sin preguntar nada...si era pagano, samaritano, rico, pobre...no pregunta nada...solo ayuda".


En Semana Santa, pidió el Papa, "tenemos que abrir nuestras parroquias, movimientos". ¡Qué pena tantas parroquias cerradas!

"Salir siempre con el amor y la ternura de Dios, en el respeto y la paciencia, sabiendo que nosotros ponemos las manos, los pies, el corazón, pero es Dios quien guía y hace fecundas nuestras acciones", afirmó.










Homilía de la Misa Crismal. Miércoles Santo.

Queridos hermanos y hermanas
Celebro con alegría la primera Misa Crismal como Obispo de Roma. Os saludo a todos con afecto, especialmente a vosotros, queridos sacerdotes, que hoy recordáis, como yo, el día de la ordenación.

Las Lecturas nos hablan de los «Ungidos»: el siervo de Yahvé de Isaías, David y Jesús, nuestro Señor. Los tres tienen en común que la unción que reciben es para ungir al pueblo fiel de Dios al que sirven; su unción es para los pobres, para los cautivos, para los oprimidos... Una imagen muy bella de este «ser para» del santo crisma es la del Salmo: «Es como óleo perfumado sobre la cabeza, que se derrama sobre la barba, la barba de Aarón, hasta la franja de su ornamento» (Sal 133,2). La imagen del óleo que se derrama, que desciende por la barba de Aarón hasta la orla de sus vestidos sagrados, es imagen de la unción sacerdotal que, a través del ungido, llega hasta los confines del universo representado mediante las vestiduras.

La vestimenta sagrada del sumo sacerdote es rica en simbolismos; uno de ellos, es el de los nombres de los hijos de Israel grabados sobre las piedras de ónix que adornaban las hombreras del efod, del que proviene nuestra casulla actual, seis sobre la piedra del hombro derecho y seis sobre la del hombro izquierdo (cf. Ex 28,6-14). También en el pectoral estaban grabados los nombres de las doce tribus de Israel (cf. Ex 28,21). Esto significa que el sacerdote celebra cargando sobre sus hombros al pueblo que se le ha confiado y llevando sus nombres grabados en el corazón. Al revestirnos con nuestra humilde casulla, puede hacernos bien sentir sobre los hombros y en el corazón el peso y el rostro de nuestro pueblo fiel, de nuestros santos y de nuestros mártires, que en este tiempo son tantos.

De la belleza de lo litúrgico, que no es puro adorno y gusto por los trapos, sino presencia de la gloria de nuestro Dios resplandeciente en su pueblo vivo y consolado, pasamos a fijarnos en la acción. El óleo precioso que unge la cabeza de Aarón no se queda perfumando su persona sino que se derrama y alcanza «las periferias». El Señor lo dirá claramente: su unción es para los pobres, para los cautivos, para los enfermos, para los que están tristes y solos. La unción, queridos hermanos, no es para perfumarnos a nosotros mismos, ni mucho menos para que la guardemos en un frasco, ya que se pondría rancio el aceite... y amargo el corazón.

Al buen sacerdote se lo reconoce por cómo anda ungido su pueblo, esto es una prueba clara. Cuando la gente nuestra anda ungida con óleo de alegría se le nota: por ejemplo, cuando sale de la misa con cara de haber recibido una buena noticia. Nuestra gente agradece el evangelio predicado con unción, agradece cuando el evangelio que predicamos llega a su vida cotidiana, cuando baja como el óleo de Aarón hasta los bordes de la realidad, cuando ilumina las situaciones límites, «las periferias» donde el pueblo fiel está más expuesto a la invasión de los que quieren saquear su fe. Nos lo agradece porque siente que hemos rezado con las cosas de su vida cotidiana, con sus penas y alegrías, con sus angustias y sus esperanzas. Y cuando siente que el perfume del Ungido, de Cristo, llega a través nuestro, se anima a confiarnos todo lo que quieren que le llegue al Señor: «Rece por mí, padre, que tengo este problema...». «Bendígame padre» y «rece por mí» son la señal de que la unción llegó a la orla del manto, porque vuelve convertida en petición, petición del pueblo de Dios. Cuando estamos en esta relación con Dios y con su Pueblo, y la gracia pasa a través de nosotros, somos sacerdotes, mediadores entre Dios y los hombres. Lo que quiero señalar es que siempre tenemos que reavivar la gracia e intuir en toda petición, a veces inoportunas, a veces puramente materiales, incluso banales – pero lo son sólo en apariencia – el deseo de nuestra gente de ser ungidos con el óleo perfumado, porque sabe que lo tenemos. Intuir y sentir como sintió el Señor la angustia esperanzada de la hemorroisa cuando tocó el borde de su manto. Ese momento de Jesús, metido en medio de la gente que lo rodeaba por todos lados, encarna toda la belleza de Aarón revestido sacerdotalmente y con el óleo que desciende sobre sus vestidos. Es una belleza oculta que resplandece sólo para los ojos llenos de fe de la mujer que padecía derrames de sangre. Los mismos discípulos – futuros sacerdotes – todavía no son capaces de ver, no comprenden: en la «periferia existencial» sólo ven la superficialidad de la multitud que aprieta por todos lados hasta sofocarlo (cf. Lc 8,42). El Señor en cambio siente la fuerza de la unción divina en los bordes de su manto.

Así hay que salir a experimentar nuestra unción, su poder y su eficacia redentora: en las «periferias» donde hay sufrimiento, hay sangre derramada, ceguera que desea ver, donde hay cautivos de tantos malos patrones. No es precisamente en autoexperiencias ni en introspecciones reiteradas que vamos a encontrar al Señor: los cursos de autoayuda en la vida pueden ser útiles, pero vivir nuestra vida sacerdotal pasando de un curso a otro, de método en método, lleva a hacernos pelagianos, a minimizar el poder de la gracia que se activa y crece en la medida en que salimos con fe a darnos y a dar el Evangelio a los demás; a dar la poca unción que tengamos a los que no tienen nada de nada.

El sacerdote que sale poco de sí, que unge poco – no digo «nada» porque gracias a Dios nuestra gente nos roba la unción se pierde lo mejor de nuestro pueblo, eso que es capaz de activar lo más hondo de su corazón presbiteral. El que no sale de sí, en vez de mediador, se va convirtiendo poco a poco en intermediario, en gestor. Todos conocemos la diferencia: el intermediario y el gestor «ya tienen su paga», y puesto que no ponen en juego la propia piel ni el corazón, tampoco reciben un agradecimiento afectuoso que nace del corazón. De aquí proviene precisamente la insatisfacción de algunos, que terminan tristes, sacerdotes tristes y convertidos en una especie de coleccionistas de antigüedades o bien de novedades, en vez de ser pastores con «olor a oveja», y esto os pido, sed pastores con olor a oveja, pastores en medio de su rebaño, y pescadores de hombres. Es verdad que la así llamada crisis de identidad sacerdotal nos amenaza a todos y se suma a una crisis de civilización; pero si sabemos barrenar su ola, podremos meternos mar adentro en nombre del Señor y echar las redes. Es bueno que la realidad misma nos lleve a ir allí donde lo que somos por gracia se muestra claramente como pura gracia, en ese mar del mundo actual donde sólo vale la unción – y no la función – y resultan fecundas las redes echadas únicamente en el nombre de Aquél de quien nos hemos fiado: Jesús.

Queridos fieles, acompañad a vuestros sacerdotes con el afecto y la oración, para que sean siempre Pastores según el corazón de Dios.

Queridos sacerdotes, que Dios Padre renueve en nosotros el Espíritu de Santidad con que hemos sido ungidos, que lo renueve en nuestro corazón de tal manera que la unción llegue a todos, también a las «periferias», allí donde nuestro pueblo fiel más lo espera y valora. Que nuestra gente nos sienta discípulos del Señor, sienta que estamos revestidos con sus nombres, que no buscamos otra identidad; y pueda recibir a través de nuestras palabras y obras ese óleo de alegría que les vino a traer Jesús, el Ungido. Amén.


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El Papa lavando los pies a los jóvenes presos: Ayudémonos unos a otros a ejemplo de Jesús

Al celebrar hoy la Misa de Jueves Santo en el Instituto de Casal del Marmo, un centro penitenciario para menores, en una ceremonia íntima, el Papa Francisco señaló que, a ejemplo de Jesús debemos “ayudarnos los unos a los otros… a veces me enojaré con alguien, pero debemos superarlo y si ellos piden un favor debemos hacerlo”.

A continuación el texto completo de la Homilía que pronunció hoy el Santo Padre:

Esto es conmovedor, Jesús lava los pies de sus discípulos. Pedro no entiende nada. Él se rehúsa, pero Jesús le explica. Jesús, Dios hizo esto, y Él mismo le explica a los discípulos: ‘¿Os dais cuenta de lo que he hecho por vosotros?’ Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y hacéis bien, porque lo soy. Si yo, entonces, el Maestro y Señor, os he lavado los pies, vosotros debéis lavaros los pies los unos a los otros. Os he dado un modelo a seguir, así que lo que yo he hecho por vosotros, vosotros también debéis hacer.

Es el ejemplo puesto por Nuestro Señor, es importante para Él lavar sus pies, porque entre nosotros el que es el más alto debe estar al servicio de los otros. esto es un símbolo, es una señal –lavar sus pies significa que estoy a su servicio-.

Y nosotros también, uno al otro, pero no tenemos que lavarnos los pies los unos a los otros todos los días. Así que, ¿qué significa esto? Que tenemos que ayudarnos los unos a los otros… a veces me enojaré con alguien, pero debemos superarlo y si ellos piden un favor debemos hacerlo.

Ayudémonos los unos a los otros. esto es lo que Jesús nos enseña. Esto es lo que hago. Y lo hago de corazón. Hago esto de corazón, porque es mi deber, como sacerdote y como Obispo debo estar a su servicio.

Pero es un deber que viene desde mi corazón, y es un deber que amo. Amo hacerlo porque es lo que el Señor me ha enseñado. Pero vosotros debéis ayudarnos y ayudados los unos a los otros, siempre. Y al ayudarnos los unos a los otros, nos haremos bien entre nosotros.

Ahora realizaremos la ceremonia del Lavatorio de los Pies y debemos cada uno de nosotros pensar: ¿Estoy realmente dispuesto a ayudar a los otros? Solamente pensadlo. Pensad que esta señal es la caricia de Cristo, porque Jesús vino a hacer esto, para servirnos, para ayudarnos.








Llegó la hora del dolor. Llegó la hora del Amor.

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  #671  
Viejo 29/03/13, 12:36:19
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Viejo 29/03/13, 20:24:10
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"ESTE ES EL ÁRBOL DE LA CRUZ, DONDE ESTUVO CLAVADA LA SALVACIÓN DEL MUNDO. ¡VENID A ADORARLO!



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  #673  
Viejo 29/03/13, 23:39:42
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Palabras del Papa. Viernes Santo.

A veces nos parece que Dios no responde al mal, que permanece en silencio. En realidad, Dios ha hablado, ha respondido, y su respuesta es la Cruz de Cristo: una palabra que es amor, misericordia, perdón. Y también juicio: Dios nos juzga amándonos. Si acojo su amor estoy salvado, si lo rechazo me condeno, no por él, sino por mí mismo, porque Dios no condena, Él sólo ama y salva

Caminemos esperando la resurrección de Jesús

Los cristianos deben responder al mal con el bien, tomando sobre sí la cruz, como Jesús




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  #674  
Viejo 31/03/13, 01:43:58
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¡ALELUYA, JESÚS HA RESUCITADO!

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  #675  
Viejo 31/03/13, 12:52:56
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Acepta sin miedo la novedad y la sorpresa de Jesús Resucitado en tu vida, alienta el Papa en Vigilia Pascual
No hay situaciones que Dios no pueda cambiar ni pecado que no pueda perdonar, explica el Pontífice



Queridos hermanos y hermanas

En el Evangelio de esta noche luminosa de la Vigilia Pascual, encontramos primero a las mujeres que van al sepulcro de Jesús, con aromas para ungir su cuerpo (cf. Lc 24,1-3). Van para hacer un gesto de compasión, de afecto, de amor; un gesto tradicional hacia un ser querido difunto, como hacemos también nosotros.

Habían seguido a Jesús. Lo habían escuchado, se habían sentido comprendidas en su dignidad, y lo habían acompañado hasta el final, en el Calvario y en el momento en que fue bajado de la cruz. Podemos imaginar sus sentimientos cuando van a la tumba: una cierta tristeza, la pena porque Jesús les había dejado, había muerto, su historia había terminado.

Ahora se volvía a la vida de antes. Pero en las mujeres permanecía el amor, y es el amor a Jesús lo que les impulsa a ir al sepulcro. Pero, a este punto, sucede algo totalmente inesperado, una vez más, que perturba sus corazones, trastorna sus programas y alterará su vida: ven corrida la piedra del sepulcro, se acercan, y no encuentran el cuerpo del Señor.

Esto las deja perplejas, dudosas, llenas de preguntas: «¿Qué es lo que ocurre?», «¿qué sentido tiene todo esto?» (cf. Lc 24,4). ¿Acaso no nos pasa así también a nosotros cuando ocurre algo verdaderamente nuevo respecto a lo de todos los días? Nos quedamos parados, no lo entendemos, no sabemos cómo afrontarlo.

A menudo, la novedad nos da miedo, también la novedad que Dios nos trae, la novedad que Dios nos pide. Somos como los apóstoles del Evangelio: muchas veces preferimos mantener nuestras seguridades, pararnos ante una tumba, pensando en el difunto, que en definitiva sólo vive en el recuerdo de la historia, como los grandes personajes del pasado. Tenemos miedo de las sorpresas de Dios; tenemos miedo de las sorpresas de Dios. Él nos sorprende siempre.Hermanos y hermanas, no nos cerremos a la novedad que Dios quiere traer a nuestras vidas.
¿Estamos acaso con frecuencia cansados, decepcionados, tristes; sentimos el peso de nuestros pecados, pensamos no lo podemos conseguir? No nos encerremos en nosotros mismos, no perdamos la confianza, nunca nos resignemos: no hay situaciones que Dios no pueda cambiar, no hay pecado que no pueda perdonar si nos abrimos a él.

Pero volvamos al Evangelio, a las mujeres, y demos un paso hacia adelante. Encuentran la tumba vacía, el cuerpo de Jesús no está allí, algo nuevo ha sucedido, pero todo esto todavía no queda nada claro: suscita interrogantes, causa perplejidad, pero sin ofrecer una respuesta. Y he aquí dos hombres con vestidos resplandecientes, que dicen: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado» (Lc 24,5-6).

Lo que era un simple gesto, algo hecho ciertamente por amor –el ir al sepulcro–, ahora se transforma en acontecimiento, en un evento que cambia verdaderamente la vida. Ya nada es como antes, no sólo en la vida de aquellas mujeres, sino también en nuestra vida y en la historia de la humanidad.

Jesús no ha muerto, ha resucitado, es el Viviente. No es simplemente que haya vuelto a vivir, sino que es la vida misma, porque es el Hijo de Dios, que es el que vive (cf. Nm 14,21-28; Dt 5,26, Jos 3,10). Jesús ya no es del pasado, sino que vive en el presente y está proyectado hacia el futuro, es el «hoy» eterno de Dios.

Así, la novedad de Dios se presenta ante los ojos de las mujeres, de los discípulos, de todos nosotros: la victoria sobre el pecado, sobre el mal, sobre la muerte, sobre todo lo que oprime la vida, y le da un rostro menos humano. Y este es un mensaje para mí, para ti, querida hermana y querido hermano.

Cuántas veces tenemos necesidad de que el Amor nos diga: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? Los problemas, las preocupaciones de la vida cotidiana tienden a que nos encerremos en nosotros mismos, en la tristeza, en la amargura..., y es ahí donde está la muerte. No busquemos ahí a Aquel que vive.

Acepta entonces que Jesús Resucitado entre en tu vida, acógelo como amigo, con confianza: ¡Él es la vida! Si hasta ahora has estado lejos de él, da un pequeño paso: te acogerá con los brazos abiertos. Si eres indiferente, acepta arriesgar: no quedarás decepcionado. Si te parece difícil seguirlo, no tengas miedo, confía en él, ten la seguridad de que él está cerca de ti, está contigo, y te dará la paz que buscas y la fuerza para vivir como él quiere.

Hay un último y simple elemento que quisiera subrayar del Evangelio de esta luminosa Vigilia Pascual. Las mujeres se encuentran con la novedad de Dios: Jesús ha resucitado, es el Viviente. Pero ante la tumba vacía y los dos hombres con vestidos resplandecientes, su primera reacción es de temor: estaban «con las caras mirando al suelo» –observa san Lucas–, no tenían ni siquiera valor para mirar. Pero al escuchar el anuncio de la Resurrección, la reciben con fe.

Y los dos hombres con vestidos resplandecientes introducen un verbo fundamental: «Recordad cómo os habló estando todavía en Galilea... Y recordaron sus palabras» (Lc 24,6.8 ). La invitación a hacer memoria del encuentro con Jesús, de sus palabras, sus gestos, su vida; este recordar con amor la experiencia con el Maestro, es lo que hace que las mujeres superen todo temor y que lleven la proclamación de la Resurrección a los Apóstoles y a todos los otros (cf. Lc 24,9).

Hacer memoria de lo que Dios ha hecho por mí, por nosotros, hacer memoria del camino recorrido; y esto abre el corazón de par en par a la esperanza para el futuro. Aprendamos a hacer memoria de lo que Dios ha hecho en nuestras vidas.

En esta Noche de luz, invocando la intercesión de la Virgen María, que guardaba todos estas cosas en su corazón (cf. Lc 2,19.51), pidamos al Señor que nos haga partícipes de su resurrección:[b] nos abra a su novedad que trasforma, a las sorpresas de Dios; que nos haga hombres y mujeres capaces de hacer memoria de lo que él hace en nuestra historia personal y la del mundo; que nos haga capaces de sentirlo como el Viviente, vivo y actuando en medio de nosotros; que nos enseñe cada día a no buscar entre los muertos a Aquel que vive. Amén.[/b]



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  #676  
Viejo 01/04/13, 02:19:42
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En su mensaje pascual Urbi et Orbi por el domingo de Resurrección, ante más de 250 mil fieles y peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco invitó a los cristianos a dejarnos “renovar por la misericordia de Dios, dejemos que la fuerza de su amor transforme también nuestras vidas”.

A continuación el texto completo del mensaje Urbi et Orbi del Papa Francisco:

Queridos hermanos y hermanas de Roma y de todo el mundo: ¡Feliz Pascua!

Es una gran alegría, al comienzo de mi ministerio, poderos dar este anuncio: ¡Cristo ha resucitado! Quisiera que llegara a todas las casas, a todas las familias, especialmente allí donde hay más sufrimiento, en los hospitales, en las cárceles.

Quisiera que llegara sobre todo al corazón de cada uno, porque es allí donde Dios quiere sembrar esta Buena Nueva: Jesús ha resucitado, está la esperanza para ti, ya no estás bajo el dominio del pecado, del mal. Ha vencido el amor, ha triunfado la misericordia. Siempre vence la misericordia de Dios.

También nosotros, como las mujeres discípulas de Jesús que fueron al sepulcro y lo encontraron vacío, podemos preguntarnos qué sentido tiene este evento (cf. Lc 24,4).

¿Qué significa que Jesús ha resucitado? Significa que el amor de Dios es más fuerte que el mal y la muerte misma, significa que el amor de Dios puede transformar nuestras vidas y hacer florecer esas zonas de desierto que hay en nuestro corazón.

Esto puede hacerlo el amor de Dios. Este mismo amor por el que el Hijo de Dios se ha hecho hombre, y ha ido hasta el fondo por la senda de la humildad y de la entrega de sí, hasta descender a los infiernos, al abismo de la separación de Dios, este mismo amor misericordioso ha inundado de luz el cuerpo muerto de Jesús, y lo ha transfigurado, lo ha hecho pasar a la vida eterna.

Jesús no ha vuelto a su vida anterior, a la vida terrenal, sino que ha entrado en la vida gloriosa de Dios y ha entrado en ella con nuestra humanidad, nos ha abierto a un futuro de esperanza.

He aquí lo que es la Pascua: el éxodo, el paso del hombre de la esclavitud del pecado, del mal, a la libertad del amor y la bondad. Porque Dios es vida, sólo vida, y su gloria somos nosotros, es el hombre vivo (cf. san Ireneo, Adv. haereses, 4,20,5-7).

Queridos hermanos y hermanas, Cristo murió y resucitó una vez para siempre y por todos, pero el poder de la resurrección, este paso de la esclavitud del mal a la libertad del bien, debe ponerse en práctica en todos los tiempos, en los momentos concretos de nuestra vida, en nuestra vida cotidiana.

Cuántos desiertos debe atravesar el ser humano también hoy. Sobre todo el desierto que está dentro de él, cuando falta el amor de Dios y del prójimo, cuando no se es consciente de ser custodio de todo lo que el Creador nos ha dado y nos da. Pero la misericordia de Dios puede hacer florecer hasta la tierra más árida, puede hacer revivir incluso a los huesos secos (cf. Ez 37,1-14).

He aquí, pues, la invitación que hago a todos: Acojamos la gracia de la Resurrección de Cristo. Dejémonos renovar por la misericordia de Dios, dejemos que la fuerza de su amor transforme también nuestras vidas; y hagámonos instrumentos de esta misericordia, cauces a través de los cuales Dios pueda regar la tierra, custodiar toda la creación y hacer florecer la justicia y la paz.

Así, pues, pidamos a Jesús resucitado, que transforma la muerte en vida, que cambie el odio en amor, la venganza en perdón, la guerra en paz. Sí, Cristo es nuestra paz, e imploremos por medio de él la paz para el mundo entero.



Paz para Oriente Medio, en particular entre israelíes y palestinos, que tienen dificultades para encontrar el camino de la concordia, para que reanuden las negociaciones con determinación y disponibilidad, con el fin de poner fin a un conflicto que dura ya demasiado tiempo.

Paz para Iraq, y que cese definitivamente toda violencia, y, sobre todo, para la amada Siria, para su población afectada por el conflicto y los tantos refugiados que están esperando ayuda y consuelo. ¡Cuánta sangre derramada! Y ¿cuánto dolor se ha de causar todavía, antes de que se consiga encontrar una solución política a la crisis?

Paz para África, escenario aún de conflictos sangrientos. Para Malí, para que vuelva a encontrar unidad y estabilidad; y para Nigeria, donde lamentablemente no cesan los atentados, que amenazan gravemente la vida de tantos inocentes, y donde muchas personas, incluso niños, están siendo rehenes de grupos terroristas.

Paz para el Este la República Democrática del Congo y la República Centroafricana, donde muchos se ven obligados a abandonar sus hogares y viven todavía con miedo.

Paz en Asia, sobre todo en la península coreana, para que superen las divergencias y madure un renovado espíritu de reconciliación.


Paz a todo el mundo, aún tan dividido por la codicia de quienes buscan fáciles ganancias, herido por el egoísmo que amenaza la vida humana y la familia, egoísmo que continúa la trata de personas... !la esclavitud más extendida en el siglo XXI.

La trata de personas es la esclavitud más extendida del siglo XXI! Un mundo desgarrado por la violencia ligada al tráfico de drogas y la explotación inicua de los recursos naturales. Paz a esta Tierra nuestra.

Que Jesús Resucitado traiga consuelo a quienes son víctimas de calamidades naturales y nos haga custodios responsables de la creación.

Queridos hermanos y hermanas, a todos los que me escuchan en Roma y en todo el mundo, les dirijo la invitación del Salmo: «Dad gracias al Señor porque es bueno, / porque es eterna su misericordia. / Diga la casa de Israel: / “Eterna es su misericordia”» (Sal 117,1-2).




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  #677  
Viejo 01/04/13, 22:56:33
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Lunes de Pascua. La alegría de dejar que Cristo nos cambie para que su Misericordia se extienda en nosotros y en el mundo.

"Queridos hermanos y hermanas:

¡Buena Pascua a todos vosotros! Os agradezco que hayáis venido también hoy en gran número para compartir la alegría de la Pascua, misterio central de nuestra fe. Que la fuerza de la Resurrección de Cristo llegue a cada persona –especialmente a los que sufren– y a todas las situaciones más necesitadas de confianza y esperanza.

Cristo ha vencido el mal de modo pleno y definitivo, pero nos corresponde a nosotros, a los hombres de todos los tiempos, acoger esta victoria en nuestra vida y en las realidades concretas de la historia y de la sociedad.

Por esto me parece importante subrayar lo que hoy le pedimos a Dios en la liturgia: "Oh Padre, que haces crecer tu Iglesia dándole siempre nuevos hijos, concede a tus fieles que expresen en su vida el sacramento que han recibido en la fe" (Oración Colecta del Lunes de la Octava de Pascua).

Es verdad, el bautismo que nos hace hijos de Dios, la Eucaristía que nos une a Cristo, deben convertirse en vida, es decir, traducirse en actitudes, comportamientos, gestos, opciones. La gracia que está en los Sacramentos pascuales es un potencial de renovación enorme para la existencia personal, para la vida de las familias, para las relaciones sociales.

Pero todo pasa a través del corazón humano: si yo me dejo alcanzar por la gracia de Cristo resucitado, si le permito que me cambie en ese aspecto mío que no es bueno, que puede hacerme mal a mí y a los demás, yo permito a la victoria de Cristo que se afirme en mi vida, que extienda su acción benéfica.

¡Éste es el poder de la gracia! Sin la gracia no podemos hacer nada. Sin la gracia no podemos nada. Y con la gracia del Bautismo y de la Comunión eucarística puedo llegar a ser instrumento de la misericordia de Dios. De esa bella misericordia de Dios.

Expresar en la vida el sacramento que hemos recibido: he aquí, queridos hermanos y hermanas, nuestro empeño cotidiano, pero diría también ¡nuestra alegría cotidiana! ¡La alegría de sentirse instrumentos de la gracia de Cristo, como sarmientos de la vid que es Él mismo, animados por la linfa de su Espíritu!


Oremos juntos, en el nombre del Señor muerto y resucitado, y por intercesión de María Santísima, para que el Misterio pascual obre profundamente en nosotros y en nuestro tiempo, para que el odio deje el lugar al amor, la mentira a la verdad, la venganza al perdón, la tristeza a la alegría".

Tras concluir el rezo del Regina Caeli, el Santo Padre saludó a los llegados de los distintos continentes y deseó a todos que vivan serenamente este Lunes del Ángel, en el que resuena con fuerza el anuncio gozoso de la Pascua: "¡Cristo ha resucitado!" y concluyó deseando "¡Buena Pascua a todos! ¡Buena Pascua a todos y buen almuerzo!".


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Viejo 07/04/13, 01:00:21
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Hoy es la Fiesta de la Divina Misericordia.
http://www.ewtn.com/spanish/prayers/.../La_Fiesta.htm
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  #679  
Viejo 07/04/13, 23:32:28
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Evangelio del 7 de Abril del 2013, según San Juan 20,19-31.

Ese mismo día, el primero después del sábado, los discípulos estaban reunidos por la tarde con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Llegó Jesús, se puso de pie en medio de ellos y les dijo: «¡La paz esté con vosotros!»
Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron mucho al ver al Señor.
Jesús les volvió a decir: «¡La paz esté con vosotros! Como el Padre me envío a mí, así os envío yo también.»
Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo:
a quienes perdonéis sus pecados, serán liberados, y a quienes se los retengáis, les serán retenidos

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús.
Los otros discípulos le dijeron: «Hemos visto al Señor.» Pero él contestó: «Hasta que no vea la marca de los clavos en sus manos, no meta mis dedos en el agujero de los clavos y no introduzca mi mano en la herida de su costado, no creeré.»
Ocho días después, los discípulos de Jesús estaban otra vez en casa, y Tomás con ellos. Estando las puertas cerradas, Jesús vino y se puso en medio de ellos. Les dijo: «La paz esté con vosotros.»
Después dijo a Tomás: «Pon aquí tu dedo y mira mis manos; extiende tu mano y métela en mi costado. Deja de negar y cree.»
Tomás exclamó: «Tú eres mi Señor y mi Dios.»
Jesús replicó: «Crees porque me has visto. ¡Felices los que no han visto, pero creen!»

Muchas otras señales milagrosas hizo Jesús en presencia de sus discípulos que no están escritas en este libro.
Estas han sido escritas para que crean que Jesús es el Cris to, el Hijo de Dios. Crean, y tendrán vida por su Nombre.






Comentario del Papa Francisco a este evangelio:

En sus palabras previas al rezo del Regina Coeli, ante las miles de personas reunidas en la Plaza de San Pedro para participar en la oración mariana, el Papa Francisco exhortó a los fieles a no tener miedo “de ser cristianos y de vivir como cristianos”.

El Santo Padre señaló que “el Espíritu de Cristo Resucitado expulsa el miedo del corazón de los Apóstoles y los impulsa a salir del Cenáculo para llevar el Evangelio”.

“¡Tengamos también nosotros más coraje para testimoniar la fe en Cristo Resucitado! ¡No debemos tener miedo de ser cristianos y de vivir como cristianos!”, exclamó.

Los cristianos, señaló, “debemos tener este coraje de ir y anunciar a Cristo Resucitado. Porque Él es nuestra paz. Él ha hecho la paz con su amor, con su perdón, con su sangre, con su misericordia”.

“La Iglesia es enviada por Cristo resucitado a transmitir a los hombres la remisión de los pecados, y así hacer crecer el Reino del amor, sembrar la paz en los corazones, para que se afirme también en las relaciones, en las sociedades, en las instituciones”.

El Santo Padre además subrayó que “la verdadera paz, esa paz profunda, viene de hacer la experiencia de la misericordia de Dios”.

El Papa recordó que hoy se celebra el Domingo de la Divina Misericordia, “por voluntad del Beato Juan Pablo II, que cerró sus ojos a este mundo precisamente en la vigilia de esta celebración”.

“El evangelio de Juan nos refiere que Jesús apareció dos veces a los Apóstoles encerrados en el Cenáculo: la primera, la misma tarde la Resurrección, y aquella vez no estaba Tomás, quien dijo: si no veo y no toco, no creo. La segunda vez, ocho días después, estaba también Tomás. Y Jesús de dirigió precisamente a él, lo invitó a mirar las heridas, a tocarlas; y Tomás exclamó: ‘¡Señor mío y Dios mío!’”, recordó el Santo Padre.

“Entonces Jesús dijo: ‘Porque me has visto has creído. ¡Dichosos los que no han visto y han creído!’”.

El Papa señaló que quienes habían creído sin ver fueron “otros discípulos, otros hombres y mujeres de Jerusalén que, aun no habiendo encontrado a Jesús resucitado, creyeron por el testimonio de los Apóstoles y de las mujeres”.

“Esta es una palabra muy importante sobre la fe, podemos llamarla la bienaventuranza de la fe. Bienaventurados los que han creído sin haber visto”.

Francisco señaló que “en todo tiempo y en todo lugar son bienaventurados aquellos que, a través de la Palabra de Dios, proclamada en la Iglesia y testimoniada por los cristianos, creen que Jesucristo es el amor de Dios encarnado, la Misericordia encarnada. ¡Y esto vale para cada uno de nosotros!”.

Al recordar que esta tarde, hora de Roma, celebrará la Eucaristía en la Basílica de San Juan de Letrán, la Catedral del Obispo de Roma, pidió que “recemos juntos a la Virgen María, para que nos ayude, Obispo y Pueblo, a caminar en la fe y en la caridad”.

“Confiados siempre en la Misericordia del Señor. Él siempre nos espera. Nos ama. Nos ha perdonado con su sangre y nos perdona cada vez que vamos a Él a pedirle perdón. Tengamos confianza en su Misericordia”, concluyó.


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Última edición por Pumbyto Día 07/04/13 a las 23:39:07.


  #680  
Viejo 14/04/13, 15:29:29
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Evangelio del Domingo 14 de Abril del 2013, según san Juan 21, 1-19

Después de esto, se manifestó Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera. Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. Simón Pedro les dice: "Voy a pescar." Le contestan ellos: "También nosotros vamos contigo." Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada. Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Díceles Jesús: "Muchachos, ¿no tenéis pescado?" Le contestaron: "No" El les dijo: "Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis." La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces. El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: "Es el Señor", se puso el vestido - pues estaba desnudo - y se lanzó al mar. Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces; pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos. Nada más saltar a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan. Díceles Jesús: "Traed algunos de los peces que acabáis de pescar." Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: "Venid y comed." Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: "¿Quién eres tú?", sabiendo que era el Señor. Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez. Esta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos. Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: "Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?" Le dice él: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero." Le dice Jesús: "Apacienta mis corderos." Vuelve a decirle por segunda vez: "Simón de Juan, ¿me amas?" Le dice él: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero." Le dice Jesús: "Apacienta mis ovejas." Le dice por tercera vez: "Simón de Juan, ¿me quieres?" Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: "¿Me quieres?" y le dijo: "Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero." Le dice Jesús: "Apacienta mis ovejas. "En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas adonde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras." Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: "Sígueme."









Ángelus del 14 de Abril del 2013.

Queridos hermanos y hermanas

Quisiera detenerme brevemente en la página de los Hechos de los Apóstoles que se lee en la Liturgia de este Tercer Domingo de Pascua. Este texto narra que la primera predicación de los Apóstoles en Jerusalén llenó la ciudad de la noticia que Jesús era verdaderamente resucitado, según las Escrituras, y era el Mesías anunciado por los Profetas. Los sumos sacerdotes y los jefes de la ciudad buscaron frenar el nacimiento de la comunidad de los creyentes en Cristo e hicieron encarcelar a los Apóstoles, ordenándoles de no enseñar más en su nombre. Pero Pedro y los otros once respondieron: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres ha resucitado a Jesús... lo exaltó con su poder haciéndolo Jefe y Salvador... Nosotros somos testigos de estas cosas, nosotros y el Espíritu Santo que Dios ha enviado a los que obedecen» (Hech 5,29-32). Entonces hicieron azotar a los Apóstoles y les ordenaron nuevamente de no hablar más en nombre de Jesús. Y ellos se fueron «dichosos de haber sido considerados dignos de padecer por el nombre de Jesús (v. 41).

¿Dónde encontraban los primeros discípulos la fuerza para dar este testimonio? No sólo: ¿de dónde les venía la alegría y el coraje del anuncio, a pesar de los obstáculos y las violencias? No olvidemos que los Apóstoles eran personas simples, no eran escribas, doctores de la ley, ni pertenecían a la clase sacerdotal. ¿Cómo han podido, con sus límites y obstaculizados por las autoridades, llenar Jerusalén con sus enseñanzas? (Cfr. Hech 5, 28) Es claro que solamente la presencia del Señor Resucitado y la acción del Espíritu Santo con ellos pueden explicar este hecho. Su fe se basaba en una experiencia tan fuerte y personal de Jesús muerto y resucitado, que no tenían miedo de nada y de ninguno, es más, veían las persecuciones como un motivo de honor, que les permitía seguir las huellas de Jesús y de parecerse a Él, testimoniándolo con la vida.

Esta historia de la primera comunidad cristiana nos dice una cosa muy importante, que es válida para la Iglesia de todos los tiempos, también para nosotros: cuando una persona conoce verdaderamente Jesucristo y cree en Él, experimenta su presencia en la vida y la fuerza de la Resurrección, y no puede no comunicar esta experiencia. Y si encuentra incomprensiones o adversidades, se comporta como Jesús en su Pasión: responde con el amor y la fuerza de la vida.

Rezando juntos el Regina Coeli, pidamos la ayuda de María Santísima para que la Iglesia en todo el mundo anuncie con sinceridad y coraje la Resurrección del Señor y dé testimonio válido con signos de amor fraterno. Recemos en modo particular para que los cristianos que sufren persecución sientan la presencia viva y confortante del Señor Resucitado.


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