Cuentan que un soldado estaba combatiendo en el frente de batalla, al lado de un amigo íntimo. Este soldado nunca había creído en el alma, hasta que una bala acabó con la vida de su amigo en tan sólo unos segundos. La impresión de saber cómo era su amigo hacía unos instantes y sin embargo ver que ahora sólo había un cadáver inexpresivo y caído en el suelo como una marioneta abandonada, le hizo creer en el alma. El alma era la diferencia entre lo que había a su lado unos segundos antes y unos segundos después.
Este vídeo no es una demostración de la existencia del alma, no creo que se pueda demostrar nunca y precisamente eso es lo bonito de temas como el alma, el amor, la belleza o la lealtad. Sin embargo, si no una demostración, por lo menos para mí es un indicio de que puede haber alma, espíritu, una realidad extramaterial. El que de un conjunto de notas musicales -que no son otra cosa que distintas frecuencias de ondas de presión propagándose por el aire-, venga un ser humano como esta niña de 14 años, y pueda crear este belleza, me sugiere que hay algo más allá de la mera materia. El alma es la diferencia entre una dentadura y una sonrisa, entre unos ojos y una mirada, entre un trozo de piedra y La Pietat de Michelángelo Buonarroti.