Cuando veía el primer Note siempre me decía, que burrada de móvil, ¿quién puede querer algo así?
Así pasé de un Galaxy S al SIII, pensé que con este último sería feliz, pero no, lo veía como el Galaxy S original pero más bonito, más potencia aunque en el fondo no me aportaba nada nuevo, era lo mismo.
Es cuando mis sentimientos empezaron a cambiar, el Note ya no era un terminal grande, era perfecto, sus formas, sus curvas, su delicado y suave tacto; no me había dado cuenta, pero estaba enamorado; tenía que poner fin a la enferma relación que estaba teniendo con el S3. Ahora éste ha encontrado el amor gracias a mi mujer y yo soy feliz con mi Note 2.