Es duro, y lo peor es que solemos pensar que eso no nos pasará a nosotros, como si fuésemos ajenos a las desgracias de este tipo. Seguro que muchos hemos leído y/o enviado un sms mientras conducíamos (entre los que yo me incluyo), pero si por un momento nos ponemos en la piel de la protagonista podremos ser conscientes de lo peligroso que puede ser.
Un saludo.