Ahora una buena: ¡El Galaxy es anfibio!
Pues si. El niño pequeño lo coge y se va a hacer pis al baño.
Le veo con el teléfono.
¡Qué haces con mi teléfono! Le digo por detrás.
El grito lo sobresalta y... como no podía ser de otra forma, se le escurre de las manos y... al interior de la taza.
Lo cojo (si; con las manos y sin tirar de la cadena), lo desmonto, lo seco bien con el secador en aire frío, dos días en una caja cubierto de arroz y,... ¡funciona de maravilla!
Lo dicho. ¡El Galaxy es anfibio!