Desde siempre, ciertos países que se autoproclaman el "eje del bien" han basado su estatus en promover guerras y saquear los recursos de los pueblos más vulnerables e indefensos. Sin embargo, a través de sus grandes cadenas y medios de comunicación tradicionales, han vendido a sus propias poblaciones un discurso oficial en el que ellos son los únicos promotores del "buenismo" y la democracia en el mundo.
El problema para estos gobiernos ha surgido con el auge de nuevas plataformas y medios independientes que no pueden controlar ni censurar tan fácilmente, los cuales exponen de manera directa la realidad geopolítica actual.
Al ser técnicamente muy complejo y políticamente impopular imponer una censura directa sobre la población adulta, recurren a narrativas de protección social. Utilizar la excusa de "proteger a los menores" o "velar por el bienestar de los jóvenes" es la estrategia idónea para justificar legalmente el bloqueo de plataformas y el control sobre el flujo libre de información
