Que la adicción a las redes sociales es un hecho, no se puede negar, que el desplazamiento infinito potencia esa adicción tampoco (nunca se termina el contenido), que es lo que buscan esas empresas, lógico, y que lo han conseguido, queda claro.
Pero si tienes un hijo menor de edad, y desde pequeño se le ha puesto una pantalla "para que se calle y nos deje tranquilos", el final del viaje parece bastante claro. Sobre todo cuando quizás lo que también ha visto es a los padres pegados al teléfono en todo momento.