Estos teléfonos se venden, tienen su nicho de mercado. Yo mismo formé parte de él. Hoy en día este negocio de teléfonos de desconexión lo considero una pantomima. Ojo, me refiero al negocio (que ya lleva bastantes años a cargo de varias empresas) no al hecho de que a algunos nos gusten los teléfonos fuera de lo común. Los precios, aunque hasta cierto punto justificables al no producirse al por mayor como empresas grandes, son abusivos y, en cierto modo, diría que hasta lo hacen a propósito para vender la sensación de exclusividad, de pertenencia.
En este nicho de mercado, desde mi punto de vista, tiene cierto tipo de público variopinto:
— Los que desean una falsa sensación de desconexión.
— Los que realmente apenas usan el teléfono y tienen dinero de sobra como para permitirse un teléfono tonto de lujo.
— Los aficionados a la telefonía (mi caso).
— Coleccionistas (a veces unido al punto anterior, como yo).
— Personas que tengan cierta rama de pensamiento atípico.
— Curiosos (con o sin dinero, ya que también hay mercado de segunda mano tras un tiempo).