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La desarticulación de Qakbot es, sin duda, un paso significativo en la lucha contra las ciberamenazas a escala global. Sin embargo, el optimismo debe ser cauteloso. La longevidad de esta botnet, así como la escala de los daños financieros, ilustra tanto la eficacia de estos modelos de ataques como las brechas en la ciberseguridad. La coordinación entre el FBI, Europol y las policías nacionales es encomiable, pero el hecho de que la red haya operado tanto tiempo resalta la necesidad de mejorar en detección y respuesta. Este no es el final; es probable que surjan nuevas variantes o sucesores. La comunidad tecnológica debe tomar esto como una llamada de atención para mejorar la seguridad, no como una victoria final.
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