Nuestra realidad y nuestra vida se configuran ya como un
sistema sociotécnico en el que interactuamos personas, dispositivos, datos, algoritmos, robots.
La
inteligencia artificial, la ciencia de datos y la robótica constituyen tecnologías disruptivas que están reconfigurando la vida.
Y ya sabemos que los artefactos tecnológicos incorporan valores y tienen política.
Por ello se hace indispensable un análisis ético de dichas tecnologías, identificando los peligros que queremos evitar e introduciendo desde el diseño mismo los valores que queremos promover.
No como un fin en sí mismo, sino para generar confianza ciudadana en las tecnologías y en las instituciones que las impulsan, para favorecer su aceptación y apropiación social.
La ética constituye una poderosa herramienta para el empoderamiento tecnológico de la ciudadanía, previniendo las injusticias algorítmicas (discriminación, perfilamiento, sesgos) e impulsando un necesario nuevo contrato “
tecno-social”.
