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Me acuerdo cuando era pequeño íbamos al pueblo de mi madre a pasar los veranos.
Pues bien, los quintos (los que se iban a la mili) hacían festejos, entre uno de ellos, era poner pollos cabeza abajo, atados por las patas y los quintos, subidos a burros engalanados por las fiestas, intentaban al trote agarrar la cabeza del pollo y arrancarsela de cuajo, literal.
Me parece de vergüenza y deleznable todos esos actos contra esos pobres animales, ya sean pollos, cabras, toros o cualquier otro.
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