Solía llevar cristal templado, que acababan hechos polvo; me pasé al hidrogel, que también acabo asqueroso y, ahora, después de quitar el susodicho también, por dejadez, lo dejé sin nada. Me be acostumbrado al tacto natural de la pantalla y así se queda. Aunque ha recibido viajes yendo a pelo, de momento sin marcas.