La duda que a mí me surge ahora es:
¿Con qué cara llamaréis impacientes o pesados a vuestros hijos cuando empiecen a dar la tabarra con que queiren tal o cual juguete y además lo quieren para ayer?

Porque no me negaréis que somos peores que ellos.
Menos mal que no tengo hijos, o al menos conocimiento de ello.
