Tengo un hijo adolescente. El tío come como una manada de leones hambrientos. Y eso que no se mueve ni a mear (estoy empezando a pensar si no se pone pañales para adultos para no tener que levantarse cuando le entran ganas) Me ha salido poco deportista y, aún así, el cabrón está delgado y fibroso. Suerte que tienen algunos.
¿Qué quiero decir con esto? Pues que tengo que ir a comprar víveres cada dos por tres, porque acaba con todo. y, salvo yo mismo, y en muy pocas ocasiones (porque hay que ver la porquería de aplicación que tienen en Bankia para la tarjeta virtual móvil, que tarda en estar operativa la reostia), no he visto aún a nadie pagando con el móvil Y vivo en Madrid, por si alguno piensa que es que soy de pueblo o algo. De hecho y, aunque ya la mayoría de las tarjetas sean contactless, tampoco veo a la gente pasarla por encima de los datáfonos o los TPVs. Ni mi mujer, y eso que le he demostrado el ahorro de tiempo que supone (sobre todo cuando la compra es inferior a 20€ y no hay ni que poner el PIN)
Además de implementar nuevas tecnologías, hay que hacer un buen esfuerzo e inversión en mostrar su funcionamiento a las personas, así como en eliminar las dudas y miedos lógicos que surgen tras cada novedad.
Ahora os dejo con una reflexión. Cuando desaparezca todo rastro de dinero efectivo, y toda transacción sea con tarjeta, móvil, o chip subcutáneo, ¿qué les va a impedir a los bancos y/o gobiernos retener nuestro dinero
en pos de un bien común?
