Cada vez que renuncias a un derecho, sea tu privacidad, tu derecho de ir a la huelga o tu libertad de expresión (por ejemplo) por un supuesto bien mayor, como pueden ser la seguridad, el empleo o no meterte en líos, renuncias para siempre, sin medias tintas. Y sobre todo, dejas en manos de otros (y de sus intereses) la administración, gestión y concesión de todos tus derechos. De todos, repito.
Otra cosa es preferir vivir como las gallinas, felices y despreocupados, dejando la gestión del corral a los otros. Una de las grandezas de la libertad es que puedes escoger vivir tutelado. Esa ya es tu elección...