Ser root es algo más que poner ROMs cocinadas. Es poder borrar del mapa apps que nunca vas a utilizar y que aunque puedas inhabilitarlas (que algunas, sin ser root no puedes hacer ni eso) ocupan espacio de la memoria de los móviles de baja y media gama. Es poder quitar todas esas cosas que Google, la marca del móvil y, si no es libre, la compañía telefónica te meten porque sí.
Te compras un móvil pensando que tiene tanta memoria, luego ves que no se había tenido en cuenta lo que ocupa el SO, que luego se actualiza y ocupa todavía más, ni tampoco el espacio que ocupan las apps que trae preinstaladas y que no puedes borrar.
Ser root, mientras el móvil no sea totalmente tuyo (y no tengas que compartirlo con Google, con el fabricante y la compañía) será siempre necesario para aquel usuario curioso y medianamente exigente.
Por otro lado, las actualizaciones corrigen bugs de la versión anterior, ¿pero qué pasa si no sale una room oficial para tu terminal? Te comes los bugs con patatas. Pues no, si puedes haces root y pones una versión bien cocinada que los corrija.
¿Qué pasa cuando quieres hacer un Backup de tus aplicaciones porque vas a enviar al SAT el terminal y sabes que te lo van a actualizar (haga falta o no), borrando todo lo que tienes en las apps? ¿O cuando se instala mal la actualización del software y tienes que reparar el sistema reinstalando la actualización? O te va bien Helium (el de pago más completo) o te haces root para poder usar el Titanium Backup.
¿Ser ROOT? SÍ, SÍ y SÍ.