Euclides nos regaló unas pautas para comprender el espacio; nuestra gratitud hacia él debe ser y es inmensa. Gracias a Lobachevski, que descubrió (Gauss antes que él) que la geometría de Euclides era sustancialmente errónea, se han dado enormes pasos en el estudio de la física. Pero el legado de Euclides sigue siendo el método usado en la vida cotidiana debido a su facilidad de comprensión.
Para avanzar en el conocimiento del color, hay que lograr trascender el concepto "euclidiano" (simplista) del mismo.
Afirmas que resulta "erróneo" asignar un color a un objeto, pero se comete el mismo error cuando se ve en el color una cualidad de la luz. El color es una fantasía del cerebro. Y nada más.
La fotografía estableció, por motivos prácticos, dos grandes estándares para definir el color blanco (además de otros muchos que no han alcanzado su misma importancia), uno de ellos es el color emitido por la bombilla de incandescencia, y el otro se puede definir como uno de los posibles valores de temperatura que debería alcanzar el filamento de esa misma bombilla para que el color que percibimos de su emisión caiga dentro del amplio margen de la luz diurna (fijado en 5500º K, concretamente). Pero hay que comprender que este último estándar, igual que el primero, es un convencionalismo que no puede ser usado para definir la realidad de la luz o de la visión, porque no tiene más valor, en ese sentido, que cualquier otro estándar que se pueda crear.
De la misma forma que nuestro cerebro asigna arbitrariamente un determinado color a una determinada frecuencia de oscilación electromagnética, podría habérselo asignado a una frecuencia sonora. Creo que fué (no me hagas mucho caso) el gran Ray Charles al que le preguntaron por su idea del color rojo y, en su ceguera, contestó: el rojo es el sonido de una trompeta. Pero otros van mucho más allá, estableciendo una correspondencia entre colores y algo tan abstracto como son los números, y no de forma consciente como estás pensando; su cerebro ve los números en colores con la misma naturalidad con la que el tuyo ve asociados esos mismos colores a unos rayos luminosos. Esta es una de las claves que nos permiten comprender la verdadera naturaleza del color, aunque no recuerdo ahora el nombre que se le da a este fenómeno. Lamentablemente, pues sé que resulta aún más difícil de creer que el resto de lo que te he contado a lo largo de esta discusión.