Recuerdo la absoluta indiferencia de los funcionarios ante las cuerdas que transportaban caballo entre ventanas de diferentes plantas, jaja. Bah... no tiene que ver aquí, pero me hizo mucha gracia.
Lo más notorio fué constatar la enorme necesidad que todos tenían de hablar con un desconocido que sacara su voz al exterior, de tener la oportunidad de justificarse ante el espectador imparcial, por así decirlo.