Con la la fluidez verbal un poco atrancada, quizá por los efectos de su enfermedad y de las drogas que ha consumido a lo largo de su vida, pero con un par bien puestos, el famoso Fabio McNamara da testimonio de su amor a Dios y a la Virgen, y les agradece públicamente que le hayan cambiado la vida.
Pues me parece que es un ejemplo para todos los católicos. Este hombre puede perfectamente ser un santo. San Agustín tuvo una etapa juvenil de disipación y vicio. Da igual la vida que haya llevado, Dios perdona todo si uno acude a Él, porque es nuestro Padre, y los padres perdonan. Fabio podría morirse de vergüenza sólo con pensar en hablar del amor a Dios y a la Iglesia por la radio, después de que toda España le ha conocido como una de las más destacadas reinonas petardas de la movida madrileña; pero el tío tiene lo que nos falta a la mayoría de los católicos: valentía y fidelidad a Dios. Sería muy bonito que un antiguo travesti y drogadicto acabara en los altares, mientras que otros que nos decimos católicos, quizá no lleguemos a tan alto grado de heroísmo y fidelidad al Señor. Gracias, Fabio, por tu lección de humildad e integridad, y ruega a la Virgen para que todos seamos como tú. ¡Qué contento estará el Señor contigo!

